Abdón Porte supo ser el mejor jugador de Nacional de Montevideo, pero cuando entendió que carrera se había caído cuesta abajo, decidió poner fin a su vida con una bala.
La hinchada del Club Nacional de Fútbol de Uruguay percibe en cada partido que el cuadro tricolor de Montevideo disputa en su estadio de Parque Central, que el espíritu de una gloria futbolística dueña de una romántica historia de pasión, sangre y muerte impera aún en el campo de juego, a 95 años de haberse quitado la vida en el centro de la cancha donde ganaba ovaciones.
La singular historia es la de Abdón Porte, un mediocampista central o centre half como lo definiría la vieja guardia futbolera, que se erigió como una figura descollante de Nacional, el equipo que militó entre 1911 y 1918, o para mayor exactitud, hasta el día mismo de su muerte.
Porte tenía 37 años en la madrugada del 5 de marzo del año en que terminó la Primera Gran Guerra Mundial, cuando ingresó en soledad a la cancha, buscó el círculo central y se suicidó de un disparo a la altura del corazón.
Los motivos de la tremenda decisión de Porte fue la de saber desde la temporada anterior que ya no era titular indiscutido del "Bolso" de Montevideo y que tampoco iba a llevar consigo la cinta de capitán, circunstancias que evidentemente sumieron en una profunda depresión al futbolista.
Los estudiosos de la historia del fútbol uruguayo y la grey de Nacional ubican en un pedestal de honor a Porte, reconocido tanto por sus valores como futbolista dentro de una cancha de fútbol que le valió un vínculo extremadamente pasional con la camiseta del club de sus amores, que tuvo que ver con el desenlace de su vida.
La tribuna que en el estadio de Parque Central aglutina a la parcialidad más bullanguera de Nacional lleva justamente el nombre de Porte y un grupo de simpatizantes "bolsos" mandó a confeccionar una bandera que tiene la imagen del centre-half acompañada por la frase "por la sangre de Abdón".
Sin hacer gala de ninguna cuestión sobrenatural, esos hinchas afirman que el espíritu de Porte constituye una "presencia" en la cancha regada casi de origen por el sudor y la hasta la sangre del aguerrido volante central.
La propia página del club hace referencia a esa sensación que impera en el estadio y que para fanáticos y jugadores es una expresión más de la sangre futbolera charrúa que se manifiesta en cada acción de juego en la que esté presente una camiseta blanca con el bolsillo a tres colores.
El último tranvía
El final de Abdón Porte comenzó a gestarse tras una seria lesión sufrida mientras disputaba en la cancha de Belveder la copa Albión, en 1917, a raíz de un foul descalificador que hubiera sacado a cualquier otro jugador de la cancha, menos al capital de Nacional. Sin embargo, seguir batallando el resto del encuentro como si nada hubiera ocurrido, agravó la zona lastimada y Abdón tuvo que estar parado por espacio de un mes.
Aunque ese año se consagró como el primer volante central uruguayo que terminaba como goleador de un campeonato, a fin de temporada el entonces presidente de Nacional José María Delgado le comunicó a Porte que ya no iba a ser titular y que tampoco mantendría la cinta de capitán.
El golpe fue peor que el que sufrió en la Copa Albión y eso fue minando la moral del futbolista, que era un hombre de muy pocas palabras. Así fue que el 4 de marzo del año siguiente, después de un partido en el que Nacional venció 3 a 1 a Charley, los jugadores del "bolso" se encontraron para celebrar el triunfo obtenido con una cena en la sede del club.
Sus compañeros de equipo recordaron que esa noche Porte estuvo muy atento a su reloj de bolsillo y en un momento dado se despidió con el tiempo justo para alcanzar el último tranvía con destino a la cancha de Parque Central.
Hasta allí llegó ya entrado el nuevo día, ingresó al campo de juego y en sus dominios, es decir el círculo central pintado en cal, se disparó con el arma que había llevado un balazo al corazón que lo mató en el acto.
A la mañana siguiente, el canchero del club vio entre la bruma matinal algo que creyó era un cuerpo humano. Se acercó y encontró que el ídolo de Nacional estaba muerto, tendido boca abajo, cerca del revólver que había utilizado para quitarse la vida y de dos cartas escritas de puño y letra.
Una de las misivas estaba dirigida a un familiar y la otra al presidente del club en la que tras pedirle que se ocupara de su madre y su novia, le decía "usted sabe porqué hago esto.¡Viva el Club Nacional!".
El hecho causó conmoción en todo el Uruguay y hoy, a 95 años de ocurrido, la presencia de Porte está intacta en la cancha de Nacional. ¿Un fantasma? No lo interpretan así los hinchas del tricolor. Para ellos es el sentir mismo de la pasión por los colores de una camiseta que como un faro invisible ilumina cada vez que el once de Nacional enfila por el túnel rumbo al campo de juego.