Sostiene que sin llegar a la exageración y a la mentira se puede generar impacto para llegar a mayor cantidad de gente, pero es el rating el que manda. También expresa que con talento y algo de carisma se puede tener éxito en la tv actual.
¿Cuáles son sus límites periodísticos?

-No dejarme tentar por alguien que ofrece dinero por matar periodísticamente a alguien. Mi límite es la mentira, es la no noticia. Uno puede equivocarse, pero de forma involuntaria, pero si avanzás sabiendo que estás matando a alguien o estás mintiendo, es otra cosa. No sé cómo se puede dormir con ese cargo de conciencia.

Tarde o temprano, ¿el periodismo enferma a quien lo ejerce?


-En esta profesión se suelen atravesar situaciones alienantes. Yo las padecí. Sin ir más lejos, el caso Cabezas me impactó mucho. Fue un antes y un después en mi vida. Su muerte me impactó tanto que abrí el abanico para demostrarme a mí mismo y a los demás que podía hacer otra cosa. De hecho, me alejé siete años de los noticieros, pero en ningún programa que hice por fuera del formato noticiero dejé de ser periodista.

¿Qué mitos deberían derrumbarse sobre el mundo de la tele?

-Aquel que sostiene que ya está todo inventado, aquel que asegura que labura el más capaz. Para trabajar en la tele no se necesita haber ido a Harvard, sino tener talento y algo de carisma. El que lo tenga trasunta la pantalla. La gente compra un combo, una historia de vida.

Frente a cámara, ¿uno debe ser como es en su vida privada?

-Sí. No es cierto que cuando se enciende la luz roja uno se transforma. Uno sigue siendo quien es, expresando una manera de trabajar.

De su trabajo, ¿es amo o esclavo?

-Yo soy patrón de mí mismo. No hay atadura que me pueda desviar de mi labor.

¿Quién edifica el valor de la noticia?

-La conjunción entre la gente y el periodista. En la tele, sin llegar a la exageración y a la mentira, desde la edición intentamos generar el impacto visual para que nos mire más gente. En ese sentido, todos somos esclavos del minuto a minuto. Se hace lo posible para que la gente nos mire, sin rozar el mal gusto.

¿Cuál fue la peor imprudencia profesional que cometió?

-Haber querido enfrentarme a gente muy pesada.

¿Llegó a sentirse en peligro?

-Sí. Muchas veces, cuando investigamos nos metemos con tipos poderosos que te pueden mandar a su gente para que te muelan a palos o te maten. Existen cuestiones vinculadas con personajes que hacen que uno piense: "Si este tipo quiere, me manda a matar". A pesar de eso, yo no le rehuyo al trabajo.

¿Uno deja de ser periodista aunque no ejerza?

-El periodismo se lleva en el alma. Es algo que no se puede escindir de uno.

¿Es el periodismo un medio caníbal?


-Depende de cómo se lo ejerza. Lo realmente caníbal es la cantidad de noticias que hay por minuto. Cuando yo era chico, las fuentes eran las agencias de noticias. En el '81, cuando le pegaron el tiro a Reegan, las imágenes recién se vieron tres horas más tarde. Hoy, al instante tenés la imagen. La gente se involucra mucho con los medios.

¿Hoy cualquiera puede ser corresponsal de un noticiero?

-Con un teléfono celular y un poco de criterio, se puede.

El periodismo, ¿sigue siendo el cuarto poder?

-Nosotros debemos ser el contrapoder. El periodismo no debe tomar partido, ni debe hacer militancia, sino buscar los matices, ayudar a pensar. Debemos ser el poder rector, no por arrogancia, sino porque eso es inherente a la vocación del periodista. Debemos ejercer nuestra responsabilidad sin miedo y de la vereda de enfrente. Es muy difícil tener perspectiva estando en el centro del ring. Es mejor ver la pelea desde el ring side.

¿Qué se necesita para permanecer en el periodismo?

-Depende. Yo soy íntimo amigo del hijo del dueño de un canal y me ponen a laburar y la rompo. Yo tuve la suerte que mi capacidad pudo ser transparentada en un programa de tele. Yo entré por contactos, pero la gente me compró, pero hay veces que decís: "¡Cómo es posible que haya gente con tanto carácter y sapiencia sin laburo y este boludo esté trabajando!". Yo odio los falsos méritos.

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