Con un gran arranque el pasado lunes de la nueva ficción de El Trece, el galán mostró su capacidad para encarnar a un hermano frío y calculador, y a otro emocional y con pocas luces. Un esfuerzo por partida doble.

E l pasado lunes a las 21,30 por la pantalla de El Trece, Nicolás Cabré, debutó al frente de Mi hermano es un clon, una comedia con un tinte dramático, de 120 capítulos, que le implica un doble desafío.

Es que, este actor que viene de sorprender en las tablas con la probada comedia musical Sugar, ahora se desdobla en su propio clon, tarea que le exige un buen trabajo de concentración y precisión.

Bajo una novedosa trama se abordan los pormenores de la vida de Renzo, un muchacho frío, inteligente y racional, concebido mediante la técnica de fecundación in vitro gracias a la intervención de su abuelo Alejandro Figueroa (Norman Briski), un notable científico experto en clonación que, en forma secreta, separó material genético del embrión y desarrolló un clon humano.

Así se contrapondrá con su hermano Mateo: un hombre emocional, sensible y con menos luces. “Hacer dos personajes es una experiencia, descubrís un montón de cosas. Me di cuenta que hay cosas que son realmente difíciles y que es todo un trabajo porque tenés que entender la psicología de los dos, tenés que ir mezclándolos sin olvidarte de ninguno”, dispara el muchacho con su clásica economía de palabras, aunque con clara evolución a la hora de ilustrar su relato y sus sensaciones.

Y enseguida brinda detalles de la tarea que lo divide entre Renzo y Mateo su gemelo artificial. “Lleva tiempo el armado de los personajes y es complejo porque cuando “toqueteás” a uno, resulta que estás “toqueteando” al otro. Lo del personaje doble no es fácil para hacerlo, te vas encontrando con problemas a resolver que parecen obviedades pero que no son tan sencillos, no es lo habitual”, reconoce.

Hay que estar a atento a un montón de cosas. Hablamos mucho con el director, pero al llevarlo al campo de la actuación y de la grabación las cosas no son tan sencillas y hay que estar con mucho cuidado”, asegura el chico que admite la complejidad que genera introducirse en la piel de dos personas, dos hermanos que hasta iniciarse la historia no saben nada uno del otro.

“Yo creía que, si el esfuerzo para hacer un personaje en una tira lo ponemos en un número y es 100, pensaba que hacer dos sería como ponerle 50 a cada uno. Pero no, es un 200 total”, muestra su asombro quién para lograr la lograr la eficacia del producto era condición sine qua non contar con un equipo de realización que respalde y consolide.

“Por suerte estoy acompañado por gente increíble que hace todo mucho más llevadero. Es un grupo donde estoy contenido y a esta altura de mi vida, estar contenido en todos esos aspectos y ni hablar en el actoral es muy importante. Es un grupo que forma parte de mis afectos. La verdad es que todo es un lindo desafío y es a la vez muy cansador. Pero lo estoy disfrutando mucho”, admite Cabré que se esmera en hacer una clara distinción entre ambos personajes que compone.

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“No se trata de un personaje bueno y otro malo. Renzo es frío, no tiene tanto corazón, pero no es un villano. Diría que uno de los hermanos es más frío, se expresa de otra manera. El otro sería el más divertido. Voy intercalando un poco de cada uno, de Mateo y Renzo y es difícil. Como son clones, cada uno tiene sus maneras y a la vez están mezclados porque uno hace del otro y así. Entonces todos los días grabo escenas de los dos. Es un poco un lío. A veces a las tres de la tarde y después de varias horas de grabación, me siento cansado, necesito parar y pensar: “¿cuál estoy haciendo ahora?”, asegura Nico intentado transmitir el proceso.

“Desde ya, en la comedia juega mucho el clima que se arma en el equipo de trabajo, con los demás compañeros actores como Luis Machín, que es un maestro y Gime Accardi y Flor Vigna que estoy conociendo, y es un gran gusto. Por lo demás, los directores y productores del proyecto son personas con las que me formé y crecí con ellos. Así que me siento realmente contenido, apoyado, y con todas las garantías de que las cosas se están haciendo bien”, declara del programa que coincidió con el regreso tardío de Marcelo Tinelli a la temporada 2018, a las 22.30 al término de Mi hermano es un clon.

“El apoyo del grupo que me da la fuerza necesaria para seguir adelante si estoy cansado es fundamental. Hay que tener en cuenta que mi personaje doble hace que esté en la mayoría de las escenas. Requiere de gran concentración y esfuerzo. Pero cuando miré el resultado, ya que vi tres capítulos, me sentí tranquilo porque se ven los detalles y el cuidado en el trabajo”, explica este intérprete de la tira que protagonizan además Gimena Accardi y Flor Vigna e intervienen Luis Machín, Andrea Bonelli y Fabián Vena, entre un gran elenco.

“Algo bien habré hecho para que me llamen”

Tras el suceso teatral de Sugar, primero junto a Griselda Siciliani y luego con Laurita Fernández donde se lució en éxito de taquilla, Nico Cabré, decidió correr el riego y lanzarse de lleno a la propuesta televisiva generada por Pol-Ka y El Trece.

“Son decisiones que se tienen que tomar”, asegura este actor que se desatacó en la ficción que coronó la TV Pública el año pasado Cuéntame cómo pasó. “El año anterior ya había probado hacer las dos cosas juntas y la verdad es que fue demasiado esfuerzo, no podía repetir teatro y televisión. Entonces tuve que dejar el teatro, no se podía con las dos cosas”, indica resignado.

“Lo de Mi hermano es un clones otra experiencia nueva, sin antecedentes. Se trata de un gran desafío. Hacer dos personajes simultáneos que son bastante iguales y a la vez muy distintos me resultaba muy atractivo y debí optar y dejar lo que estaba haciendo. Cuando me junté con Adrián (Suar), me lo contó, lo entendí de inmediato, y al segundo y medio me di cuenta de que no podía rechazarlo. Aquí fui entendiendo cómo funcionaba esto con el tiempo, el trabajo, la grabación y creo que fue la mejor elección”, da cuenta este intérprete que con apenas 10 años debutó en el infantil La ola está de fiesta junto a Flavia Palmiero.

En su largo recorrido ha tenido apoyos que reconoce. Luego, lo que falta se soluciona con trabajo. “Trabajé mucho en esta profesión, y desde hace muchos años. En la Argentina las cosas están muy complicadas y a mí me toca vivir haciendo lo que me gusta. También habrá que reconocer que algo habré hecho bien como para que me llamen”.

Experiencia inolvidable

“Sugar fue una experiencia inolvidable”, asume. “No tenía idea del género comedia musical. Ni siquiera iba como espectador. No eran espectáculos que consumía y fue un aprendizaje inmenso. Me incluí, fui convocado y me sentí apoyado por muchos actores grosos, por directores y productores que eran referentes enormes en el rubro y se transformó en una experiencia muy valiosa”, confiesa el comediante de Son amores, Sin código, Por amor a vos, Los Únicosy Mis amigos de siempre. “Me animo a dejar Sugar también porque estoy cercano a un proyecto de teatro para el año que viene, que posiblemente me sume Mi hermano es un clon”, agrega el hombre que ya venía de la experiencia teatral de El Quilombero también dirigida por Arturo Puig.

Respecto de la madre de su hija, Eugenia “la China” Suárez, prefiere no decir demasiado salvo aquello que se refiere a la natural coordinación que dos padres separados deben tener con una hija en común. Hace poco, la actriz, en pareja con Benjamín Vicuña, le dio un hermanito a “Rufi”.

“Tenemos una buena relación. A veces puedo estar de acuerdo con ciertas actitudes o decisiones, y otras veces no, pero la relación como padres es muy buena”, remata con ese tono escueto que le imprime a sus frases cuando el tema lo incomoda.

El amor de su vida: su hijita Rufina

A Nicolás Cabré se le transforma el rostro cuando se lo indaga sobre algún aspecto que involucre su vida personal. A su ya característica timidez y palabra entrecortada se suma, las pocas ganas de exponer cualquier detalle que sirva para ilustrar su mundo privado.

Cuando se trata de la pequeña Rufina, de cinco años, la hija que tuvo con Eugenia China Suárez, sus ojos brillan con más intensidad, pese a la resistencia a explayarse demasiado sobre la particularidad del vínculo. “Ella es mi compañerita, todo se organiza a partir de ella. Está hermosa, me acompaña a las grabaciones, juega”, cuenta Cabré al tiempo que confiesa que si Rufina le pide entrar en el mundo del espectáculo “lo hablaría con ella”.

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