Joe volvió a la Argentina en el marco de la gira “Surfing to Shockwave” 2016 Tour Latinoamérica y dio un espectáculo impecable en un Luna Park repleto de adictos a la guitarra. Como en cada presentación, sonó de otro mundo y demostró que en el terreno de la técnica y las sensaciones desde las seis cuerdas, es uno de los dioses.
Cuando vas a ver a un músico de la talla y las características de Joe Satriani ya sabés lo que te va a encontrar. No vas a buscar canciones, hitazos, ni nada que se le parezca. Vas a pegarte un vuelo con uno de los mejores guitarristas del planeta. Ya pisás el lugar en el que se presente con la certeza de que vivirás una gran obra de arte a través de las seis cuerdas. Un espectáculo de otra dimensión, y a otra dimensión con la viola como nave intergaláctica para el viaje. Y lo sentido en el Luna Park fue realmente impecable.

Esta nueva visita del más rockero de los maratonistas de los trastes fue realmente como todos imaginaron: La perfección musical expresada en la viola. Más allá de algunas cuestiones del sonido (por ejemplo, estuvo un poco saturada la viola, y la bata quedó muy atrás), la performance de Joe fue bárbara.

Nos hizo conocer los mundos de las escalas y los ritmos con una ejecución bueno, ya saben: ¡Inmaculada! Pero también generó esa explosión cósmica en los sentidos que invitó a todos a cerrar los ojos y dejarse llevar a dónde sea. El Universo en las manos de Joe...

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El sanguíneo de los virtuosos

El tipo da qué hablar en ejecución, velocidad, y expresión también, eh! No es frío, como muchos de los ultra virtuosos. Sí es un técnico dentro de la técnica, pero Joe Satriani -para los sentidos del que escribe estas líneas- es el más sanguíneo de los enfermitos de la guitarra. Es increíble lo que toca este muchacho. Conoce cada sonido de la guitarra, hasta el más ínfimo detalle de lo que puede responder. Y lo explota todo. Exprime el instrumento en su plenitud y juega a lo loco.

Estira, riffea, tira arpegios, tapping a dos manos, barridos, harmónicos nunca antes escuchados. Va de escala en escala (pentatónicas, frigia, mixolidia y la lista sigue a pleno...), de tonalidad en tonalidad. Utiliza la púa, los dedos, las palmas. ¡Hasta pela el clásico y victoreado punteo con los dientes!

Y ni hablá de cómo le da a la palanca. Ese vibrato que crea es único. Lo hace como nadie. O mejor dicho como Joe. Escuchás esos palancazos o cualquier movimiento, y decís es Joe Satriani. El estadounidense tiene un sello mundial que lo convirtió en uno de los mejores. ¡Si hasta le enseñó a tocar a Steve Vai! Un guitarrista de otro planeta...

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Que se luzcan todos

Y saben que es lo mejor de un tipo como Joe Satriani es que deja tocar a sus compañeros de banda. Les da el lugar que merecen, y permite que se luzcan. Ojo, no solo en cada una de las canciones. También tienen su momento solos para pelar todo lo que tienen frente al público.

El baterista Marco Minnemann (Steven Wilson/Aristocrats) la rompió toda. Tiró una de magia arriba de los parches, y una de malabares con los palillos, impresionante. Tranquilamente se podría ganar la vida en el Cirque Du Soleil. Después del solo bestial que se mandó, el Luna Park se puso de pie para ponderarlo.

El que también se llevó todas las miradas fue Mike Keneally (Steve Vai/Dethklok), con sus teclados y la guitarra. El viejo un crack. Le devolvió todas las paredes a Joe, y en cada oportunidad que tuvo para solear, dejó en claro por qué está junto a un músico de la talla de Satriani.

Por supuesto que Bryan Beller (Dethklok/Aristocrats) fue pared en el bajo. Pero una pared repleta de adornos. De detalles pintorescos. Y junto a este trío impresionante de músicos, Joe Satriani dio un espectáculo impecable ante las miles de almas argentas adictas a la guitarra. Una cátedra inolvidable para esos amantes de las seis cuerdas.

 

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