Ya entrar al Flores, y ver ese escenario repleto de cabezales y cajas Marshall fue imponente. Y ojo, el paredón de equipos de Yngwie no estaban de vista, de escenografía, de facha. ¡No! Nada de eso. El Gordo los tenía a todos con las válvulas prendidas fuego, estalladas al mango, listo para hacerlos detonar. Y cuando lanzó el primer acorde de "Rising force", el Flores se vino abajo. Lo que sonó esa Strato, uh, no tiene nombre...Terrible ¡bestial! Y ahí, el sueco empezó a desplegar todo su arsenal técnica y virtuosismo. A dar cátedra de cómo utilizar en su máxima expresión la escala menor armónica.
"Estudio entre 10 y 12 horas por día", contó Malmsteen antes de subir al Flores. Y la verdad, que lo demostró en cada segundo de sus temas. Imagínense en un setlist de 19 canciones...No paró de pelar nunca. Siempre sacó una nota más. Incluso cuando parecía que el diapasón llegaba a su fin.
Es cierto que no sonó del todo bien. Incluso Ynwgie -sobre el final- le tiró una seña de “te voy a matar” al sonidista, pasándose el dedo por el cuello; y rompió una viola de la bronca en “I'll See The Light, Tonight”. Pero más allá de todo, el sueco se lució y volvió a dejar en claro porque es uno de los mejores guitarristas del mundo.