Es un auténtico referente de la bailanta. Conoce como pocos ese mundo y supo mantenerse a salvo de los cataclismos
Daniel Santillán, popularmente conocido por su apodo de La Tota, es un auténtico referente de la bailanta. Conoce como pocos ese mundo y supo mantenerse a salvo de los cataclismos que sacudieron a un género vapuleado por muchos y adorado por algunos.
-¿Cómo fue el camino que lo condujo hasta la actualidad?
-Fue un camino con muchas curvas y vaivenes. En este camino si apretás el acelerador a fondo terminás chocando. Yo fui a velocidad crucero, creciendo poco a poco.
-¿Cuáles son los obstáculos más frecuentes con los que se topó?
-La hipocresía, la envidia y los amigos del campeón. Me topé con más ingratitudes que gratitudes, pero igual soy feliz, porque éste es el recorrido que elegí.
-¿El tropical es un género muy menospreciado?
-Sin duda. Al principio, había muchos prejuicios respecto a la música tropical. Yo comencé en el '87, en El Monumental de Merlo, en el '90 conocí a Rodrigo y a Pocho La Pantera. Viví la época de oro de la bailanta y fui testigo de gente que triunfó y de muchos que quedaron en el camino. -Alguna vez, ¿dudó o siempre fue a pie firme?
-Tuve dudas. Yo trabajaba en Escombros, donde me veían 10 mil personas y me llamaron de Canal 9 para hacer Mundo Bailable y dudé. La persona que me quería contratar me dijo: "Ahora te van a ver cien mil. Tenés que ver el bosque, no el árbol" y es cierto, pero no todo lo que uno hace es un éxito. En este camino hay muchos fracasos.
-¿Qué lo retenía?
-El creer en lo que hacía. Incluso, cuando debí dejar de conducir música tropical, porque no podía vender lo que no creía. Cuando uno es un referente no podés mentir, por más que los que te producen quieren que vendas algo que no está bueno. -¿Uno de los secretos de su permanencia es la credibilidad?
-Sin duda. Si algo es malo, lo digo. De todos modos, la gente decide quién está arriba y quién está abajo. -¿Qué lo diferencia del resto?
-Mi pasión. Todo lo que está imbuido de amor y de conocimiento. Yo invito a cualquiera que dice saber de esto a un ping pong de la música tropical.
-En el género, ¿hay muchos paracaidistas?
-Muchísimos, pero a esto hay que amarlo y sentirlo. Esto te tiene que gustar de verdad.
-¿Se siente el creador de muchos monstruos?
-No sé si tanto, pero soy el que apodé a Walter Olmos como La Locomotora y a Karina como La Princesita.
-¿Cómo definiría lo que hace?
-Yo soy un gran vendedor de ilusiones que a veces come mortadela y a veces come caviar.
-Y en su vida, ¿comió más mortadela o caviar?
-En una ocasión, los directivos de Canal 9 me llamaron para felicitarme por el éxito obtenido y recién había firmado el contrato y para brindar pedí mate cocido y mortadela, porque eso era lo que más me gustaba.
-¿Padeció miedo escénico?
-Sí, cuando iba a grabar con los Cumbia Rock y Miguel Conejito Alejandro, en Polygram, y se abrió la puerta del estudio, me fui. No me animé.