El quinteto, uno de los principales exponentes de la nueva movida metalera under, charló en exclusiva con DIARIO POPULAR. La credibilidad heavy, la escena actual, los viejos referentes, su desilusión por Ricardo Iorio, la polémica causada en Uruguay por su tema contra Botnia y hasta los viejos rollingas, todo, en esta nota.

Velocidad 22 es una ascendente banda de Heavy Metal que, si sos metalero, tiene todo para convertirse en tu grupo favorito. Con diez años de historia, mucha onda, actitud y una importante cantidad recitales sobre sus espaldas, el combo nacido en el barrio porteño de Colegiales se erigió rápidamente como uno de los principales exponentes de una nueva escena heavy under que no para de sumar fieles.

A punto de presentar en vivo -el próximo 15 de octubre en Gier- su flamante y gran segundo álbum, “Culto al Acero” (sucesor de “Metalcoholización” de 2013, un muy buen debut discográfico), DIARIO POPULAR charló en exclusiva con su cantante, Paul Divano, uno de sus guitarristas, Lucho, y su bajista y principal compositor (y director de cine gore y bizarro, pero esa es otra historia), Germán “Germen” Magariños.

A continuación, la entrevista completa:

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-Cuéntenme un poco cómo arrancó la banda.

Germen: La banda debutó oficialmente el 24 de marzo de 2007, en El Club del Bufón, atrás del shopping del Abasto. Después hicimos un par de fechas más y vinieron algunos cambios de formación. Creo que arrancamos en serio en una fecha que tuvimos en City Bar a la que no fue nadie. Fue un comienzo más en serio, de banda de verdad, que ya no es de decirle a los amigos o los familiares que vayan a vernos porque tocábamos. Vic Cicuta (NdR: cantante de Bolsa, ex D’agosta, actor y gran amigo de Germen, Divano y Velocidad 22) fue el que nos incentivó a tocar en vivo. A mí me rompía las bolas siempre.

-¿Ustedes, como público, seguían a alguna banda under en ese momento?

Paul Divano: Mi experiencia personal fue que recién cuando empezamos a tocar con Velocidad empecé a ver bandas under. Antes, la única banda under que seguíamos era Zoofilia, porque somos amigos. Antes no se conocían tan fácilmente las bandas under. Cuando empezamos a tocar fue que fuimos conociendo a casi todas, de compartir fechas y de investigar en Internet justamente para armar fechas. Por ahí, ni siquiera te enterabas de que tocaban. Por lo menos a mí no me llegaban.

Germen: Yo, en su momento, seguía a Riff. Del under a D’agosta, también por amistad. También depende a qué se le llame “under”, pero la verdad que no me acuerdo qué bandas vi. Hace poco encontré en mi casa unas entradas de recitales a los que fui, y parece ser que una vez fui a ver a Flema. Si me preguntaban si había visto a Flema antes de encontrar esas entradas, hubiera dicho que no (risas). Posta que no me acuerdo de lo que vi. Sí me acuerdo de ir a miles de fechas. Era como la salida común ir a fechas. Fechas punk, fechas heavy… Pero empezar a seguir más el under fue cuando empezamos a tocar. De ir a ver a D’agosta conocimos varias bandas que tocaban con ellos. Y después, cuando empezamos a tocar nosotros, conocimos a Makinación, Sin Espuma, Desertores del Sistema… Bandas que son “under under”, que las conocés porque las viste en algún recital. A Adrián de Makinación lo conocí después, gracias a Mascota de Sin Espuma, que me lo quiso presentar. Es gente que tiene casi diez años más que nosotros y se hicieron amigos nuestros porque se sintieron identificados, como diciendo “a estos les creo”. Creo que la amistad que se generó tan rápido entre las bandas se debe al hecho de ser genuino.

-¿Y qué te hace creíble o genuino en el metal?

Germen: ¿Qué te hace creíble? Una es, por ejemplo, que si vos me ves a mi hace diez años y en ese momento estaba de moda el Nü Metal y me veías con las bermudas, y después se ponía de moda el Thrash y me veías con el chalequito, y después con el Speed Metal, y después con el heavy tradicional, vas a decir: “este es un pelotudo”. Y hay un montón de esa gente. No los condeno tampoco, porque si te gustan todos los géneros y querés hacer lo que está en boga, qué se yo. El tema en realidad es cuando se quiere sacar ventaja.

Divano: En el fondo te das cuenta quién es genuino. Yo la mayoría de la gente que veo o frecuento la considero que es de verdad, sea heavy metal o escuche, no sé, Air Supply (risas).

-O sea, no se trata de una cuestión musical o de la cultura heavy en sí…

Germen: No, no. En mi caso la música es muy importante, pero para otras personas no, como mi vieja por ejemplo. A mi vieja no la vas a diferenciar con la música. A mí sí. Por eso, en mi caso, si mañana me ves tocando candombe no sería muy genuino. Ahora, si me empezó a gustar el candombe, me empezó a gustar y listo. Pero si vos ves que es porque está la moda del candombe… Y, te das cuenta. Como los que tocan sólo en la fecha que tocan ellos y después no los ves nunca en recitales. Y también el mensaje es importante. Si yo te canto las letras de Velocidad 22 y más o menos sabés de que hablan, y después no me ves en ningún recital de ninguna banda que no se la mía soy un fayuto porque estoy escribiendo algo que no tiene sentido y es todo mentira. A eso me refiero.

Divano: Claro, seríamos como el viejo aburguesado del que cantamos en la canción.

Germen: Hay que salir, sin dudas. Hay que activar. Para mí de acá a diez años nadie más va a salir y se acaba todo. Si estás casado y tenés siete hijos no te voy a condenar si no salís a recitales, pero no me vengas a dar un discurso totalmente diferente. Como pasa con la política muchas veces. Muchos dicen “hay que romper todo, cambiar todo”, etc., y después se quedan en su casa y no hacen nada. No agites esa. Si no hacés nada, no digas nada. No agites, hacelo. Yo no salgo, no rompo nada, pero no agito.

-¿Creen entonces que en esta credibilidad de la que hablan, que es más moral que musical, el no ser “careta” es inherente a lo que ustedes pretenden de ser heavy metal?

Divano: Para mí sí.

Germen: Y hay otra cosa fundamental: el mensaje. Puede no ser necesariamente político, pero el heavy metal es música pesada y tanto la música como el mensaje tienen que ser jodidos. Puede haber algunos temas de amor, qué sé yo, pero el metal tiene que ser música con un mensaje fuerte. No podés cantar “pío, pío, pío”, por más que la música tenga distorsión. Y no lo inventé yo, te lo dice (Rob) Halford, (Tony) Iommi, todos los grosos. El menaje del heavy tiene que ser pesado. El mensaje es lo más importante. Más que la forma. En las películas pasa lo mismo. Por ejemplo, pongamos “Forrest Gump” (risas). Para mí tiene un mensaje negativo. El mensaje de “Forrest Gump” es “agachá la cabeza y hacé todo lo que te dicen que hagas y te va a ir bien”. El mensaje no es “corré y jugá al ping-pong”, es lo otro. Lo mismo pasa con el metal. Si yo digo en una canción “andá a patear tachos de basura y a romper todo”, ese no es el mensaje. El mensaje es “rebelate”. La rebelión es el mensaje.

"Culto al Acero", el segundo disco de Velocidad 22

-En estos tiempos en las que las tribus musicales y urbanas parecen haber desaparecido, los heavy metal resisten en parte como tal. ¿Están de acuerdo? ¿Por qué creen que ya no se ven otras tribus urbanas como se veían antes, como los punks o los rollingas?

Germen: Yo nunca vi ninguna tribu urbana de heavies. Vi tribus de rollingas, de skinheads, de punks… A mí me pegaron los rollingas y los punks también (risas). Igual desparecieron todos. Yo pandillas de heavies no vi, aunque por ahí estaban en los ochentas. Tengo recuerdos de los ochentas de ver gente de pelo largo y remeras de (Iron) Maiden y decir “seeeee”, sin saber ni quiénes eran. Era emocionante posta, tengo recuerdos vívidos de sentir eso. Uno de mis primeros recuerdos del metal es estar jugando a los fichines de niño y que venga un chabón con tachas moviéndome el arcade para que pierda. Y yo decía: “yo quiero ser como éste” (risas). Pero no recuerdo haber visto escuadrones de heavies. Me parece que el heavy siempre fue un poco más popular, aunque menos que los rollinga. Pero los rollinga sí tenían esas pandillas. Por suerte ahora no hay más (risas).

-¿Por qué “por suerte”?

Germen: ¡Porque a mí me pegaban seguido! (Risas) Igual los rollingas de ahora no son como los de antes. Ahora la cumbia los transformó. Los rollingas eran chabones más pesados, que te veían con una remera de heavy y te odiaban. Yo tenía un amigo, Loquillo, con el que íbamos a recitales. Él tenía una pandilla de rollingas que paraba cerca de su casa, y cada vez que volvía a su casa lo cagaban a piedrazos. Estaba bueno en el fondo (risas). Además, yo calculo que ahora no me pegarían más. Me acuerdo que un par de veces me habían calzado y después estaba todo bien. Se hacían los rudos. Pero después, me acuerdo, cuando vinieron por primera vez los Rolling Stones, ya los mismos chabones que paraban cerca de casa se cortaron todos el pelo a la semana y después desaparecieron.

Divano: Porque Mick Jagger tenía el pelo corto…

Germen: Habrá sido por eso. Vieron que los Stones no eran así, que no le pegaban a nadie (risas). De los heavies nunca vi una pandilla, porque me parece que el Heavy Metal es muy popular y abarca a mucha gente. Mi hermano, por ejemplo, es del metal, y es un chabón de pelo corto que va a laburar tranqui. Es del metal entre comillas, pero es del metal. Es muy amplio el heavy, eso es lo que digo.

Lucho: Me cuesta a mí también ver al heavy como tribu urbana.

-Ustedes forman parte de una nueva generación de músicos de Heavy Metal y de una nueva escena under heavy. ¿Qué creen que define o caracteriza a esta nueva movida?

Germen: Creo que los que estamos en la escena under, que debemos ser 50 bandas ponele, somos gente que no nos juntamos en el Roxy como para hacer plata, sino porque nos gusta la música y ya. Si estamos en esta escena y en los lugares en donde se nos ve es porque nos gusta la banda que toca esa noche, y porque nosotros queremos tocar también. No estamos pensando en otra cosa. Hay otras movidas, incluso dentro del metal, que tienen que ver con eso de “voy a tocar con éste, porque lleva gente y quizás esa gente después me viene a ver a mí”, y cosas así. Por eso, para mí este un metal de verdad.

Divano: Como dice Julio de Rústica, es el Heavy Metal de zapatillas. Somos todos amigos, hacemos las cosas entre todos, cargamos los equipos, todo entre todos. Y no buscamos la ventajita.

Germen: Armamos fechas donde la pasemos bien y donde la gente la pase bien. Eso es lo más importante. Si total después te vas a trabajar el lunes…

Lucho: Cuando armamos una fecha, como ahora que estamos por presentar el nuevo disco, no sólo pensamos en el lugar donde vamos a tocar; también pensamos en cuánto va a costar la entrada, cuánto va a salir la birra, si hay un (supermercado) chino cerca…

Germen: Claro, no querés cagar a la gente y que se muera de sed, entonces pensamos en si hay un chino cerca para que se pueda ir a comprar el escabio.

-Y si la banda empieza a crecer en convocatoria y los lugares donde suelen tocar les empiezan a quedar chicos, ¿hasta dónde transarían? Porque la gran mayoría de los lugares un poco más grandes del circuito rockero son caros de alquilar y suelen vender la birra bastante cara, sólo por nombrar algunas cosas.

Divano: Y quizás pensaríamos en otros lugares que no sean los que te cobran 150 mangos la birra y que tengan buena capacidad, como un club de barrio por ejemplo…

Lucho: La verdad que es muy difícil pensarlo ahora, pero creo que, salvando las distancias, el camino que hizo La Renga durante su crecimiento estuvo bueno.

Divano: Volviendo a lo que decía, ¿por qué tendría que ir a un lugar que me imponga unas reglas que yo no quiero, sólo porque es más grande y te permite llevar más gente?

Germen: Igual, yo creo que nadie te impone ninguna regla. No creo que haya una regla, no sé, en el Teatro de Flores por ejemplo, que te diga cuánto tenés que cobrar la entrada. Los precios de las entradas tienen que ver con la guita que cada uno quiere llevarse. No hay que justificar a Malón haciendo tributo a Hermética. Eso es un choreo para llevarse la plata, y está bien, qué sé yo. Yo creo que mientras más convocatoria tenés, tenés más poder, no menos. Así que tenés menos imposiciones.

-Yo también lo pensaba en cuanto a una posible ganancia comercial futura para la banda, en el sentido de que si alquilás un lugar caro y cobrás muy barata la entrada, probablemente hasta no llegues a recuperar la inversión que hiciste

Divano: ¿Y qué importa?

Germen: No puedo responder bien porque no me veo alquilando un lugar así. No tengo esa plata ni esa gente. No lo logro visualizar. Tampoco te voy a vender humo de que alquilaríamos el Teatro de Flores y haríamos entrada gratuita…

Divano: Voy a tirar un ejemplo polémico. Hay una banda que no quiero mencionar, porque no me gusta el estilo, porque hacen cosas de cumbia en el pseudo metal que hacen…

Germen: Está hablando de Judas Priest (risas).

Divano: Igual está todo bien eh, porque los chabones no me caen mal…

Lucho: Es Asspera. Nombrémosla. A mí me parece una mierda.

Divano: A mí también, pero no quiero bardear a una banda gratis…

Lucho: Yo sí (risas).

Divano: Lo que quería decir es que les tengo que reconocer que, cuando hace un par de años hicieron el Malvinas Argentinas y todas las bandas hacían recitales por 300 o 400 mangos, los chabones, a favor de que querían hacer una convocatoria, habían puesto la entrada como a 50 pesos nada más.

Germen: Igual para mí Asspera no es metal. Es como nombrar a la Mancha de Rolando, que tal vez alguna vez también cobró la entrada a 50 pesos. Yo creo que Asspera tiene como un poco de vergüenza de clase. Yo noto que a Asspera, en el fondo, le da vergüenza lo que hacen. Si los chabones tocaban en otras bandas que no tienen nada que ver con eso…

Divano: Nos fuimos al carajo, ¿no? (risas).

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-¿Y cómo ven a esta nueva escena under de Heavy Metal?

Germen: La veo bien. Tampoco me acuerdo cómo cambió. Pero veo que se está expandiendo a otro tipo de gente. Eso es bueno. Para mí lo que hay que hacer es tomar las escuelas. Es un proyecto que tengo desde hace años (risas). Sin jóvenes no hay futuro. Los viejos se oxidan, salvo un Divano, que es eterno (risas). Yo ya me enfermo todos los días, voy a morir en breves. Hay que lograr que esto les guste a los pibes. Ahora a los heavies los acusan de que son todos putos (risas). Está eso ahora.

Lucho: Nahhh…

Germen: Vos vas a las escuelas y los reggaetoneros tienen todas las minas y los heavies son los putos (risas).

Lucho: Bueno, pero eso es porque prendés la radio y está todo el tiempo esa música…

Germen: Es cierto, pero antes no era así. Yo cuando iba al colegio si eras heavy no eras el “puto”. De último eras el “loco” o el “malo”.

Lucho: ¿Pero qué, en tu colegio estaba lleno de heavies?

Germen: Sí, había varios.

Lucho: Porque yo cuando iba al colegio era el único heavy casi…

Germen: Bueno, pero ahora hay menos. Yo paso por las escuelas y no hay ni uno.

Lucho: Pero hay renovación también…

Germen: Sí, pero no sé de dónde salen (risas). Hay que lograr llegar a los jóvenes para que haya un renacer del metal.

-¿Y cómo creés que el metal puede llegar a los jóvenes?

Germen: Y, como llegó antes, como llegó a mí: con ejemplos. Tenés que darles algo para que se sientan identificados, y no sólo la música. No es fácil. La verdad que no sé. De todas formas, yo a la movida la veo bien. Hay mucha gente que dice que cada vez está peor. Yo, que al primer recital que fui fue en el ‘92, la veo mejor que nunca ahora. Hay gente que dice “nooo, antes el under llevaba 800 personas”. Ese under de antes donde supuestamente se llevaban 800 personas yo no la vi nunca en mi vida. El under que vi yo éramos tres (risas). Capaz que antes le decían “under” a Horcas o Logos. Pero eso nunca fue under. Eran las bandas de metal grandes de la época, y son las mismas bandas grandes que están ahora. Y yo cuando iba a ver a Riff en el ‘95 no iba nadie. ¡No iba nadie a ver a Riff, que era una banda increíble! Los que hoy te dicen “desde que se separó Riff no voy más a recitales”, tampoco iban a ver a Riff antes. Hay mucha gente que le gusta la nostalgia estúpida, que no existe. Hermética, Rata Blanca y pocas bandas más llevaban gente. El resto no. Veo mucha más gente ahora, capaz en lugares que son más chicos pero que garpan más. Antes ibas a ver bandas under a lugares más granes y era una tristeza. Veo más sentimiento ahora y menos barriletes que antes. Los barriletes no suman nada. Ojo, yo banco a todos los ebrios (risas), pero a los que les gustan las bandas. No al que va a geder y no escuchó un disco en su puta vida. En definitiva, la mejor época es la de ahora. Y mejor va a ser dentro de diez años. La nostalgia es una bazofia. Aparte, ¿de qué sirve? Yo fui a miles de recitales y ya ni me los acuerdo. Si no me los acuerdo, ¡¿qué me importa la nostalgia?! (risas).

Lucho: Creo que desde hace unos cinco, seis o siete años hay más bandas, con más calidad, mejores ideas, mejor sonido… Y hay bandas más variadas. Tenés, por ejemplo, una banda de Speed Metal impresionante como Metaluria, cuando nunca antes hubo acá una banda de Speed Metal. Tenés a Herpes, que es una locura…

-¿A cuántas de las bandas y artistas de Heavy Metal que hayan sido referentes para ustedes, a los que les hayan creído, les siguen creyendo lo que dicen hoy o pregonan hoy en día?

Germen: Y… Yo iba al colegio cuando ya empecé a odiar a (Ricardo) Iorio. ¡Iba al colegio!

Divano. Fue cuando salió el tercer disco de Hermética…

Germen: Me había parecido que se había vendido, porque tenían un sonido tipo Pantera. Y era un recontra referente para mí. Tengamos en cuenta que, por ejemplo, cuando fui a renovar el DNI a los 16 años me anoté en el documento “Ricardo Magariños” en vez de Germán (risas). Mi vieja me gritaba “¡¡¡Pelotudooooo!!! (risas). De ese nivel de fanatismo total estamos hablando. Pero es como todo fanatismo tan grande: pasa a la desilusión muy rápido. No me gustaban cosas que decía Iorio. Puteaba a los que tenían el pelo largo porque él se había hecho la cresta… Bardeaba todo y bardeaba a todas las otras bandas de heavy que a mí me gustaban, como el Horcas de (Osvaldo) Civile. Y yo decía: “si el chabón es tan heavy, ¿por qué odia a todos los heavies?”. Dicen que siempre le gustó la plata. La merca también. Igual, todo bien. Probablemente sin él yo hoy no estaría acá, pero bueno, no importa. Después, volviendo al tema de los referentes, yo diría que el máximo referente del Heavy Metal soy yo mismo (risas).

Lucho: Humildemente… (risas)

Germen: Cuando recién empezamos a ensayar Divano me cargaba. Me imitaba lo que yo decía: “Manowar se vendió”, “Iorio se vendió”, “El único heavy metal soy yo”… (risas). Pero, en cierto punto, no tengo ningún otro referente más que yo mismo. Si tengo que nombrar a un superhéroe nombraría a Pappo y a Lemmy (Kilmister), porque lo hicieron todo en su ley. Está bien, Pappo tocaba en Punta del Este, pero lo hacía con onda (risas). Y lo mismo Lemmy. Eran chabones a los que, si bien el humo está presente en todo el mundo, se les notaba que les gustaba la música. Eran rockeros de verdad. Volviendo a Iorio, más allá de todo lo que pasó después, creo que es un chabón por el que, por ahí, muchos nos hicimos súper heavies. Es probable que haya sido gracias a él. Pero no era tan genuino, vendía humo ya en su momento. Igual, para mí, no hay que tener ningún profeta de nada, porque somos seres humanos. Todos. Somos personas. Yo nunca me engañé a mí mismo con eso.

-A veces, y medio en gracia, se los tilda de polémicos. ¿Les gusta escandalizar o generar polémica?

Germen: Depende qué escándalo y qué polémica. Por ejemplo, lo que pasó en Uruguay por la canción “Hay que destruir Botnia” no me gustó. Porque el mensaje no era contra Uruguay. No era mi objetivo crearme enemigos uruguayos. Tampoco era un mensaje nacionalista, porque no es una letra nacionalista.

Divano: El contrario, es en contra del poder.

Germen: Es un tema en contra del poder que tiene ese título… Estuvo mal el título del tema, porque no tiene nada que ver con lo que dice la letra. Se lo pusimos por algo coyuntural. La polémica está buena si es contra la gente que uno odia, y no es el caso con Uruguay.

Divano: Ese tema era en contra de Botnia, no en contra de Uruguay. Pero se lo identificó con Uruguay…

Germen: ¡Pero no tiene nada que ver con Uruguay! Aparte, yo no creo ni en Uruguay, ni en Argentina, ni en ninguna nación ni nacionalismo. Nación Rockera somos. Además, yo la mayoría de la gente que odio es argentina (risas). La mayoría de la gente que todos odiamos acá son argentinos, porque vivimos acá. Por eso, no quisimos polemizar para nada con los uruguayos. Después hubo uruguayos que nos putearon, pero son unos imbéciles, más allá de su nacionalidad, que no tiene nada que ver.

La polémica en la TV uruguya por "Hay Que Destruir Botnia" de Velocidad 22

-Sus letras son mucho menos solemnes que las de la mayoría de las bandas de metal argentinas. Tienen humor y cierta carga irónica. ¿Intentan desdramatizar o hacer un poco más divertido el metal?

Germen: Hay como una estética onda “Mad Max” en nuestra propuesta, pero todas las letras tienen como una cosa de la gente de verdad. Y lo que me ha pasado con todas las bandas nacionales, sacando a Hermética, a la que yo le creía cuando era joven, fue que nunca les creí el mensaje social exagerado. Esa cosa de “Ohhh, los pobres de Palpalá que están sufriendooooo” (risas). Y después lo ves a los chabones de la banda escabiando y pelotudeando… No les creés. Esa onda de heavy genérico que copian a Hermética, y te das cuenta que son chabones que tienen menos calle… Y cantan no sé qué de la sociedad y después capaz que hasta son súper fascistas. Capaz que dicen “a los chorros hay que matarlos” y después te cantan cuarenta temas sobre el drama obrero y qué se yo. Yo trato de cantarle a las cosas que vivimos. Más allá del video del tema, la letra de “Vándalos de Cuero” no tiene nada que ver con “Mad Max”. Un día estaba con Reymon (Caribe, bajista de Bolsa) y unos nos dijeron “ustedes son unos vándalos de Murillo”, por la calle Murillo, donde venden ropa de cuero. Nosotros en esa época con Divano íbamos y pateábamos los tachos, pintábamos las paredes, nos paraba la cana… Todas esas boludeces que aparecen en la canción las hacíamos. Hay una historia que está en la letra. Y en el caso de “Cadeneando en Plaza Francia”, el mensaje no es ir a pegarle a los hippies. Hay gente que se enojó porque creyeron que decíamos eso. Pero a mí la letra se me había ocurrido después de un día que fuimos a un recital, y con varios nos fuimos de gira y terminamos durmiendo en una plaza. El lugar daba como hippie, pero gracias a nosotros estaba lleno de heavies, y ahí se me ocurrió lo de “cadeneando”, como una imagen de los heavies tomando la plaza. No en el sentido de ir a pegarle a los hippies, más allá de la ambigüedad que puede despertar. Para mí, las buenas letras tienen que tener una ambigüedad en su sentido. Cada uno tiene que interpretar la letra como quiere.

"Metalcoholización", el primer disco de Velocidad 22

-Y vos Lucho, que sos más pendejo, ¿cómo sentís las letras de Velocidad?

Lucho: Y, tienen esa impronta que es medio de humor pero que a la vez hablan de algo que le pasa a uno, entonces te sentís identificado. Tienen como ese tono sarcástico, que puede sonar en joda, pero después te das cuenta que lo que están diciendo no es en joda.

Germen: Volviendo al tema de la solemnidad en el metal, esa solemnidad viene más de la copia de Hermética que de otra cosa. Porque el heavy antes no era solemne. Nunca lo fue. Chabones con el pelo largo, con tachas y poniendo cara de malos… ¡¿Qué tiene de serio?! Es lo menos solemne que hay en el mundo. Te ve tu vieja y te grita “¡ridículo!”. No es solemne, es ridículo. Lo solemne es enemigo del metal. Hermética sí era súper seria, pero tenía con qué. La única banda buena súper seria que se me ocurre es Hermética. Después hay otras bandas que se pasan de querer hacerse los serios y son unos payasos. ¿Manowar es serio? ¡Seamos buenos! Después, por otro lado, los clichés y las posturas del metal, en cuanto a la apariencia, la ropa, la actitud, son parte del género.

Divano: A mí me divierten y banco todos los clichés a la hora de tocar. Todos. Es algo que hasta lo hablé con Germen antes de salir a tocar por primera vez. Un boludo como yo, que no tiene una gran voz, con algunos kilos de más… ¿cómo no voy a salir a cantar con una actitud heavy? Tenés que salir con actitud. Y si tenés un cliché, bancátelo. No me importa nada el cliché. Y te lo digo también como público. Yo quiero ver eso de una banda de heavy metal.

Germen: ¿Te imaginás a Judas Priest, todos de pelo corto y con chombas azules? Esa banda no la hubiéramos escuchado. Aunque hubieran hecho “The Sentinel”. Capaz hubiéramos dicho “uy, mirá como suena esto”. Pero no hubieran durado más de dos discos. Hubieran sido de súper culto. Es parte del metal todo eso de los clichés.

Lucho: Y, la música también te entra por los ojos…

Germen: Y no es ni teatral la cosa. Es visceral. No conozco ninguna banda heavy que no tenga eso. Desde Kiss hasta Slayer. Es parte. Estas tocando música, no estás en tu casa.

-¿A qué les gustaría llegar como banda?

Divano: A la esquina. ¡Yo que sé! Yo quiero que Velocidad siga tocando. Que llegue a lo que pueda llegar. Yo ya estoy agradecido de que nos escuche gente y que contagiemos a alguna gente. Lo más grande que tenemos es que hace diez años que estamos tocando.

Germen: No, yo soy distinto a Divano, siempre lo fui (risas). Yo quiero que haya más gente que rompa todo, que haya más cadenas… (risas). Y nunca apuntar a la mediocridad. Cada vez hay que llegar a más gente y hacer más discos. Hacer más discos, cada vez mejores, sería increíble. Lo bueno es que, hasta ahora, la banda fue cambiando, pero siempre para mejor. No cambiamos para peor todavía, que a todas las bandas les ha pasado. Nosotros siempre fuimos subiendo y eso es lo bueno. Y creo que hay más gente a la que le puede gustar la banda. Quiero que le guste al que le tiene que gustar. Que a aquel al que le puede llegar a gustar la llegue a escuchar. Y mejorar. Siempre mejorar. No perder. Siempre vencer.

Divano: Con buena onda, como decía Pappo… (risas).

Germen: No, en mi caso con mala onda (risas). Y destruir la cumbia y a todos los enemigos (risas).

-Para concluir, ¿cuál es el mensaje heavy metal de Velocidad 22 al mundo?

Germen: Heavy Metal, resistencia, libertad y lucha. Y música. Salgan de sus casas y vayan a recitales. Yo creo que el peor peligro de la música es que, cada vez más, a la gente le gusta quedarse en su casa y no salir. Cuando era chico yo lo veía como algo bueno. Pensaba “qué bueno poder quedarte todo el tiempo en tu casa mirando porno” (risas). Ahora llegó esa época y la veo como un gran enemigo. Hay que salir. Patear la calle, entre comillas, sin humo. Ir a recitales. Y ser libre.

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Velocidad 22 presenta en vivo "Culto al Acero" el próximo domingo 15 de octubre (lunes feriado) en Gier (Av. Álvarez Thomas 1078, CABA), junto a Metaluria, Sin Espuma, Herpes y Makinación.

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