El mal concebido como la acción de una fuerza conformada por entidades desencarnadas de perfil diabólico que vienen operando sobre inocentes a lo largo de la historia de la Humanidad y que incluso avanza sobre la posibilidad que cuadros relacionados a supuestas posesiones demoníacas escapen de los parámetros que la ciencia establece como trastorno psiquiátrico, fueron las principales conclusiones a las que arribó un encuentro encaminado a profundizar sobre las manifestaciones concretas del Diablo en el acontecer cotidiano.
Estas consideraciones surgieron la semana pasada en la denominada Mesa Magistral “Los azotes del Diablo”, desarrollada en el Museo Roca y que fue organizada por el Instituto de Psicología Paranormal de Buenos Aires, en la cual el antropólogo Miguel Algranti, el sociólogo Maximiliano Korstanje y el psiquiatra Javier Frabrissin abordaron una cuestión espinosa, cuando no tabú, relacionada con la fe, la moral, lo cultural, lo social y la psiquiatría.
El moderador del debate que contó con un centenar de asistentes fue el director del Instituto, el psicólogo Alejandro Parra, quien señaló a MAS ALLA DEL MISTERIO que “la cuestión del Diablo constituye un problema de larga raíz que se enlaza con la representación divina”. En ese sentido, Parra observó que en el catolicismo la presencia satánica “fue representada como una fuerza maligna y es justamente el Diablo quien encarna precisamente la representación del Mal”.
Sobre el punto, el director del IPP manifestó que de hecho las prácticas satánicas siempre marcaron una antítesis con la religión católica, tal como lo reflejan por caso las denominadas misas negras o la cruz en posición invertida y aclaró que la mesa magistral lo que buscó fue hacer hincapié “en cómo hemos resignificado las denominadas posesiones demoníacas”.
Sin embargo, el moderador del encuentro sostuvo que para la psiquiatría, por ejemplo, los considerados “trastornos espirituales” planteados como escenarios posibles de las posesiones “reducen esa posibilidad -afirmó Parra- a un trastorno psiquiátrico. Pero en la mesa no se negó que esa manifestación fuera producto del accionar de una inteligencia desencarnada” que opera desde un perfil maligno.
Zona gris
“Lo que surgió durante el debate es la existencia de una zona gris para determinar frente a los casos que se conocen, un límite entre la posesión demoníaca y el trastorno psiquiátrico” apuntó, en razón que la naturaleza última del fenómeno, dijo, “aún no haya sido esclarecida”. Pero hay más.
El análisis de los especialistas incorporó otro perfil que cautivó la atención de los asistentes a la mesa magistral: la débil frontera que frente a estas manifestaciones de corte paranormal separa lo psicológico y lo espiritual.
A criterio de Parra, tal como aseguró a este suplemento, ese terreno cenagoso encuadra en lo que dio en llamar “trastornos de espiritualidad negativa” que según destacó, suelen proliferar en las prácticas y cultos que han venido ganando espacio. Ante ese encuadre, el titular del IPP explicó a modo de ejemplo, que un cura que realiza un ritual de exorcismo “es un hombre convencido de la posesión” que gravita de un modo singular si, por ejemplo, esa lucha que establece por liberar al poseído de la fuerza maligna que lo domina “se convierte en imágenes televisivas que suman espectacularidad a las características que ofrece el fenómeno de por sí”.
En otro orden, Partra subrayó que “frente al Diablo y el Mal hay mucha gente que busca tercerizar su problemática y frente a la dificultad que enfrentan, sin reconocer ninguna otra posibilidad -dijo- consideran que no son ellas las que pueden llegar a tener algún problema, sino que el problema que las afecta es directamente el Diablo”.
La interpretación que en el concepto de Parra realizan quienes atraviesan circunstancias de ese tipo “es que han sido inoculados por el Mal enviado por una tercera persona, lo que sitúa la problemática frente lo que el moderador de la mesa magistral definió como “componentes más psicológicos”. En ese plano es donde entran a jugar los “supuestos daños que alimentan la sensación de que la culpa de lo que sucede ni radica en quien padece la situación, sino que viene del afuera y más precisamente, de un tercero”.
A modo de síntesis. Parra precisó del debate quedaron sentadas dos posiciones: la que establece que el fenómeno puede ser producido por el hombre, que el Mal está tercerizado en lo que pueda aportar alguien que actúe con malignidad desde el afuera de esa persona y la posibilidad de “una fuerza a la cual conjurar, conformada por entidades desencarnadas, tanto el Diablo como espíritus malignos, que inoculan a una persona de bien e inocente”.
Ritual por teléfono erradicó la posesión
Uno de los momentos más atractivos de la mesa magistral celebrada en el Museo Roca fue cuando uno de los asistentes planteó un caso singular que lo tuvo como testigo al tratar en su calidad de psicólogo clínico, un cuadro de difícil abordaje.
Según explicó, el trastorno que afectaba al paciente encuadraba en una posesión satánica, por lo que decidió hacer una consulta con el padre Carlos Mancuso, sacerdote con autorización del Arzobispado de Buenos Aires para practicar exorcismos.
El psicólogo contó que sugirió a Mancuso, quien reside en La Plata, que se trasladara para ver a la paciente, pero ante la imposibilidad de hacerlo, el religioso simplificó la ecuación: pidió que acercaran el teléfono a la persona que sufría la alteración y le leyó en latín el Ritual Romano del Siglo V. Minutos después, la persona había recobrado la calma.
Parra detalló que “el debate surgió en ese punto sobre si la lectura del Ritual erradicó la posesión o si fue el sistema de creencias de la víctima que encontró en la voz del cura el bálsamo que necesitaba”.
El mal continúa enquistándose en la sociedad
Alejandro Parra dijo que los especialistas (a los que se los puede consultar en la página del IPP www.Alipsi.com.ar) dieron la posibilidad de encontrar “una mirada más social” a la problemática del mal. En ese sentido, subrayó que al mismo mal que se lo ve presente “ a lo largo de la historia”, también tiene cabida en la actualidad en expresiones que afectan a los grupos sociales como la inseguridad, la violencia de género o la agresividad inusitada. “La mejor manera de representarlo es todo aquello que aborrecemos y que polariza entre buenos y malos”, reflexionó.