El Virrey probó durante el juego con varios cambios tácticos
Sin la presencia de Juan Román Riquelme, Carlos Bianchi se inclinó por un 4-4-2 para recibir a River. Más allá de un primer tiempo en el que Boca sufrió hasta promediar la etapa, luego se acomodó mejor y el planteo terminó conteniendo a su rival. Por esta razón, en el complemento, la visita prácticamente no inquietó a Agustín Orión. Durante el encuentro, hubo cambio de esquema, ya que se terminó con un 4-4-1-1 (sin contar la expulsión de Guillermo Burdisso), y además hubo variantes posicionales de algunos futbolistas.
La intención era contener a Walter Erviti y a Federico Bravo en el medio, para soltar un poco más a Juan Sánchez Miño y Pablo Ledesma, aunque éste último no pudo mandarse tanto como hubiese deseado. En relación a los laterales, Nahuel Zárate fue quien más se proyectó. Con ese dibujo táctico, el Xeneize fue superado hasta que pudo acomodarse y compensar algunos huecos con un plus de actitud que pusieron los jugadores.Debido a ese desgaste, Erviti se fue cansando y le dejó su lugar a Guillermo Fernández, que pasó a la banda derecha del mediocampo, mandando así a Ledesma como doble cinco, para ayudar a Bravo.
La línea de volantes no sería la única que sufriría modificaciones, ya que en la ofensiva Bianchi sacaría a Lautaro Acosta y pondría a Leandro Paredes. De esta manera, el pibe quedó como nexo entre mediocampistas y atacantes, por lo que el esquema pasó a ser un 4-4-1-1. Por momentos, el equipo tuvo más la redonda, pero le costó mucho abrir la cancha. De todos modos, en el complemento, el Xeneize fue más y al menos desde el punto de vista de la intención, intentó presionar a su oponente y a jugar en campo contrario. En cancha la única variante que quedaría fue por la lesión de Ledesma. La expulsión de Guillermo Burdisso fue tardía y por eso Boca no la sufrió.
RIVER
La táctica de River se derrumbó tras el empate de Silva
Ramón había avisado que para ver cómo iba a jugar su equipo deberían esperar hasta el minuto inicial del partido. En eso no falló, pues no bien movieron la bola y con el gol de Lanzini, mostró la cartas ofensivas: línea de tres en el fondo, Vangioni bien parado de volante por la izquierda, Ponzio metido en la zona de volante central junto a Ledesma y Sánchez, más Lanzini, más Iturbe suelto por la izquierda y con Rogelio por adentro.
La apuesta de tener protagonismo en la Bombonera generó buenos datos ya que además de la ventaja veloz, luego hubo al menos tres legadas muy claras y un dominio total. Claramente la táctica le daba la derecha a Ramón, pero todo estaba atado con alambre y lo demostró el gol de Silva. El empate inesperado por el desarrollo del juego cambió la actitud de River, que retrocedió en el campo, que ya no tuvo precisiones en los avances y que empezó a perderse.
En el segundo tiempo las cosas se pusieron peores para el Millo, que casi no atacó, que manejó poco y nada la pelota y en medio de un partido muy malo, el equipo del Pelado no pudo demostrar lo bueno que había hecho en el inicio del partido. Ramón, por su parte, sacó a Iturbe que al menos con su velocidad podía lastimar a la pobre defensa de Boca. El ingreso de Mora -jugó más por pergaminos pasados que por presente- en lugar de darle aire a River en ataque lo hizo retroceder más, algo que se acrecentó con la salida de Funes Mori por Luna. A partir de ahí la pelota nunca más estuvo cerca de Orión.
Lo cierto es que más allá del planteo de 3-4-1-2 de Ramón, el equipo, no tuvo la prestancia y la solidez para afirmarse en una buena idea que no le sirvió de mucho. Una buena media hora a River no le alcanzó para sacar chapa de candidato ante un rival que además de ser Boca, lleva la peor racha de su historia si ganar.
Informe: Leandro Gavira y Leonardo Peluso
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