El "Xeneize" se juega todo lo bueno que cosechó hasta esta etapa del año. Si queda afuera de la Copa Libertadores ante River, recibirá un golpe duro. Lodeiro, la pieza clave
El partido más importante de Boca no ya del semestre, sino de mucho tiempo a esta parte, está ahí, al alcance de la mano. Tres días separan solamente de la posibilidad de la clasificación y continuidad en el máximo torneo continental, eliminando nada menos que al rival de todos los tiempos o por el contrario, de una gran frustración: quedar afuera ante River de un torneo internacional por segunda vez en seis meses. Más, si se tiene en cuenta que el andar arrollador y puntaje ideal que arrastraba el "Xeneize".
Y por más que el Vasco Arruabarrena haya querido bajarle los decibeles a las expectativas diciendo que recién después del partido de anoche se puso a pensar en esta revancha ("no me empiecen a romper las bolas" fue la frase que eligió que ni siquiera quiso traer a la memoria aquel recordado choque de cuartos de final del 2000 que lo tuvo como protagonista), está claro que este partido se empezó a jugar desde hace bastante tiempo. Concretamente, desde del pitazo final de Delfino el jueves pasado. La prueba está que un clásico siempre atrayente como lo es enfrentar a Independiente y que le permitió a Boca seguir en la cima de la taba (aunque con un punto menos de diferencia) de posiciones, pasó totalmente inadvertido en la previa.
Está claro que el Xeneize está en una situación peor que su rival, ya que perdió el partido de ida. Pero en un punto, tiene las cosas más claras que River. Sabe que debe salir a atacar sí o sí, más allá de que un simple 1 a 0 a favor lo deposite en la tanda de penales. En cambio, a River se le presenta el dilema de que hacer ¿salir a conservar la diferencia conseguida en el partido de ida? ¿O buscar un gol y forzar a Boca a conseguir tres para pasar?
Ante Independiente se notó la falta de generación de juego. Boca fue un equipo "largo" y que no contó con ese clásico "enganche" o generador de juego, situación que se puede corregir el jueves, con la inserción del uruguayo Nicolás Lodeiro, el jugador que reúne las características como para calzarse ese traje. Tal es así que ante el Rojo, cuando se animaron a "romper líneas" la jugada derivó en el gol del empate.
Lo cierto es que, conjeturas al margen (que las habrá miles), una vez más la verdad estará en el césped y será el jueves próximo, cuando se juegue el partido que puede impulsar a Boca definitivamente en la carrera para alzar una vez más el máximo título continental a nivel de clubes o a catapultarlo a una realidad de una eliminación mucho más temprana de lo esperado y que puede derivar en consecuencias imprevisibles, un escenario que nadie imagina.
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