Confundidos, sin reacción, sus jugadores siguen cruzados de brazos, esperando no se sabe qué. Y su entrenador, como en esa triste jornada, corre de un lado a otro sin tener en claro si debe responder a sus convicciones o bien dejar fluir su instinto natural de conservación. Las palabras se multiplican, las promesas se redoblan, pero nada cambia la ecuación. Envuelto en una manga imaginaria, Boca sigue asfixiado, aturdido y frotándose los ojos por una realidad que ni el más pesimista de sus hinchas podía imaginar.
Ese Bombonerazo de Copa arrasó en lo anímico, al punto que nada quedó de aquel equipo que ilusionó en el verano y que arrancó elogios tanto en el arranque de la Libertadores como del torneo local. Y tal es la onda expansiva, que de ser el candidato a ganar todo pasó a ser abonado al cachetazo, en caída libre y sin tener en claro cuando tocará el piso.
Hoy Boca es apenas una sombra de lo que prometió ser. Ya no hay una idea de juego ni intérpretes de jerarquía. La pelota quema en los pies de los que más saben, las ideas se nublan frente al arco rival y los errores en defensa se pagan con derrotas.
Los llamados "referentes" (Orion, Cata Díaz, Gago y Osvaldo), que deberían aparecer en este tipo de situaciones, están paralizados, sin respuestas adecuadas y, por lógica consecuencia, el resto sólo acompaña, como si fuesen los músicos del Titanic, asistiendo a un naufragio inevitable, con el agravante de que el capitán del barco (Arruabarrena), quién debería manejar el timón con mano firme, equivoca el rumbo y apunta directo al iceberg.
El Vasco duda, pone, saca y no encuentra soluciones, porque en realidad está en conflicto con él mismo. Pasó del "osado" 4-3-3 a un cauteloso 4-4-2, pero casi siempre con los mismos protagonistas, obstinado en la idea de apoyar a sus jugadores pero también ciego a la hora de analizar algunos bajos rendimientos que ya no admiten titularidad.
"El partido con Newell's es una final, hay que demostrar, tener rebeldía", anuncia el DT como queriendo hacer reaccionar a sus dirigidos, pero al mismo tiempo confunde al afirmar "que acá sabés cuándo perdés, pero nunca cuándo terminás de perder". Está aturdido como todo Boca, atrapado en aquella fatídica noche, detenido en el tiempo y con la urgencia de que suene una alarma que lo haga huir definitivamente de su peor pesadilla.
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