Las imágenes del domingo 26 de junio de 2011 permanecerán siempre en la memoria del hincha millonario. Nada borrará el doloroso recuerdo del descenso a la B Nacional, tras aquella fatídica promoción contra Belgrano. El golpe fue muy duro, pero cuatro años después de ese impacto que lo puso nocaut, River atraviesa por un momento mágico, totalmente opuesto al que torturó a su gente y sorprendió a todo el ambiente futbolístico. En ese lapso, la pesadilla lentamente quedó atrás. Y la resurrección soñada se hizo realidad...
Para reconstruir la vocación ganadora que tradicionalmente distinguió a River, el club buscó respuestas en sus entrañas y, en diferentes etapas, tres hombres formados como futbolistas en la casa fueron fundamentales. El primero de la trilogía, Matías Almeyda, puso el pecho cuando la herida del descenso estaba abierta y asumió la dirección técnica del plantel sabiendo que no regresar rápidamente a Primera División sería un rotundo fracaso. Con ese estrecho margen de error y sin experiencia en la función de entrenador, su amor por la camiseta de la banda roja pudo más que cualquier riesgo y un año después terminó llegando a buen puerto, al puerto que todos deseaban.
Luego del ascenso, Almeyda siguió en su cargo sólo unos meses más. Se fue con bronca y la decisión del presidente, Daniel Passarella, apuntó a traer a Ramón Angel Díaz, cuyos antecedentes exitosos generaron una comprensible ilusión entre la gente, que muchas veces había pedido su retorno.
El riojano cumplió a la perfección con el imaginario segundo capítulo de la recuperación riverplatense, y la obtención del Torneo Final 2014 le agregó una perla a su "costumbre" de celebrar campeonatos en la entidad de Núñez, con la yapa de la Superfinal ganada ante San Lorenzo. Igualmente, ya se sabía que la relación entre el técnico y la conducción del club (desde fines de 2013 encabezada por Rodolfo D'Onofrio) no era la mejor. En definitiva, Ramón Díaz renunció y el sucesor fue el tercer vértice del triángulo: Marcelo Gallardo, otro gran conocedor de las características del club, de la historia y de la exigencia que siempre hay en River.
¿Qué quedaba pendiente para completar la obra, tras retornar a Primera División y volver a ser campeón? Algún éxito en el plano internacional, donde era necesario que River diera mejores respuestas y engrosara su cosecha. Allí puso la mira el Muñeco, sin pensar demasiado en que Ramón Díaz había dejado la vara muy alta y con la certeza de que nada resultaría simple. En definitiva, Gallardo confió en su capacidad, rápidamente exhibió cualidades que le cayeron muy bien al hincha y, a cuatro años del infierno, de su mano River ha llegado a la cima de América.
El repunte fue progresivo. La Copa Sudamericana, la Recopa y la Libertadores cerraron el círculo -con dos cruces favorables ante Boca que también tienen peso en la enumeración de éxitos- y demostraron una vez más que el fútbol y la vida se parecen. Todos alguna vez sentimos que se nos caía el mundo encima, pero salimos a flote. A River le tocó vivir esa experiencia. Y hoy goza después de secar sus lágrimas y de bancarse el sufrimiento.
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