La Selección argentina inicia su camino mundialista sin Lionel Messi en sus filas. Cuestionado después de perder las finales de Brasil y Chile, el equipo de Martino -y la gente- deberá afrontar la ausencia del mejor del mundo.

Una vez, Oscar Wilde advirtió: "Ten cuidado con lo que deseas, se puede convertir en realidad". Y en ese pensamiento se basa una de las leyes más poderosas que rigen el universo: la Ley de la Atracción.

¿En qué consiste? en que los seres humanos somos capaces de atraer a nuestra vida aquello que constantemente pensamos y sentimos. Y dice su letra fría: si continuamente pensamos y sentimos cosas buenas y positivas de nuestra vida, automáticamente, atraeremos más cosas buenas y positivas; si por el contrario pensamos en lo negativo y sentimos carencia, eso mismo atraeremos a nuestra vida. Esa es la Ley de la Atracción.

Cuando terminó la Copa América, y en la estela de la sensación de frustración que arrojaba un nuevo segundo puesto encadenado con el del Mundial, muchos argentinos se quejaron de Lionel Messi. Le cayeron con todo el peso de las críticas, lo trataron de "perdedor", de "pecho frío" y hasta hubo quien sugirió que "no lo convoquen más, que recurran a futbolistas con hambre de gloria".

      Lionel Messi

¡Y vaya si hay que tener cuidado con lo que se desea! Arranca la ronda eliminatoria rumbo a Rusia 2018 y en la Selección argentina no va a estar Messi. No por decisión propia, tampoco por determinación del entrenador; fue el destino el que determinó que sufriera la primera lesión seria de su carrera y lo dejará al margen del debut.

Claro, ahora, y aún antes del inicio del juego contra Ecuador, ya todos lo empezamos a extrañar. Por un lado porque el mejor del mundo es nuestro y es feo no poder usarlo, verlo, disfrutarlo, aprovechar su magia desequilibrante.

Por el otro, porque el equipo deberá adaptarse a no tenerlo como referencia de ataque, como abanderado de la personalidad del equipo. Será una prueba especial, desde lo deportivo y desde lo espiritual. Y algo similar pasará en las tribunas, donde todos apuntalarán con entusiasmo esta nueva cruzada de la selección pero con un dejo de nostalgia en cada aplauso: no estará el que más ganas de aplaudir, el que transforma el juego en arte y el arte en efectividad.

Allá cuando se armó la discusión entre los jugadores que necesita un equipo para ser campeón, le preguntaron a Alejandro Dolina si prefería a los desequilibrantes o a los que tenían hambre de gloria; Dolina simplificó magistralmente la duda con su respuesta: "los desequilibrantes; hambre de gloria tiene cualquiera".

Algunos de los habitantes de este país desearon que Messi no venga más a jugar a la Selección. Ojo con lo que se desea. Ya lo estamos extrañando.

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