No hay caso. Por más que Jorge Sampaoli intente, cambie de nombres, de esquema, de escenario la pelota no entra. Esta vez se la jugó como único centro delantero a Darío Benedetto, el goleador del fútbol argentino.
El Pipa, letal en La Bombonera con Boca sugería la carta ganadora, la carta para cantar truco y encaminar la clasificación pero el hechizo no se rompe. El último gol de delantero lo señaló Lucas Pratto en noviembre del año pasado y ayer Benedetto tuvo tres clarísimas que con los colores xeneizes la mandaría a guardar pero con la celeste y blanca hizo agua.
Nadie podría explicarlo sin basarse en cuestiones esotéricas. De verdad. Posta. Quién no maldijo una y otra vez al ver cómo lo que era gol de manera inevitable terminaba siendo salvada milagrosa de Perú.
¿Alguna fuerza oscura o por la mismísima mala leche? La crítica sería que Benedetto no estuvo fino. Durante la primera mitad le llegaron algunos centros perdidos que no conectó, tomó malas decisiones en las pocas que le quedaron dentro del área y sin dudas la más clara que tuvo fue en el cierre de la etapa cuando desde la izquierda Messi le envió un gran centro y sin siquiera saltar la conectó mal de cabeza y se fue apenas por arriba del travesaño.
En el complemento estuvo presente en un pase cortado de Messi pero el arquero se la tapó con el pecho y después Lío la puso en el palo y la más clara fue una entrada por izquierda (también habilitación de Messi) a la que respondió con un remate cruzado que se estrelló en la humanidad del arquero. Pipa no pudo y se lo comió la Bombonera.
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