El Diez le abrió las puertas de su casa a este diario en los Emiratos y habló de todo, y de todos. El Mundial, Sampaoli, Messi, Tevez, Di María, todos pasaron por la lengua filosa del ahora DT. Entrá a la nota y no te pierdas sus mejores frases

El reloj marca las dos de la tarde en Dubai. El sol pega fuerte, aunque teniendo en cuenta los más de 50 grados que suele hacer a partir de abril, los casi 30 que marca el termómetro en The Palm Jumeirah pare­cen una bendición. El exclusivo barrio donde vive desde hace cuatro años Diego Maradona es de casas bajas, sus vecinos son magnates rusos, árabes a los que les sobra el petróleo y algún que otro empresario que logró colocar su dinero en uno de los paraísos fiscales más requeri­dos. Solo hace falta prestar atención para darse cuenta cuál es la casa de Diego. Las puertas están abiertas, un tender en la vereda seca la ropa deportiva recién lavada y en el garaje un Porsche y una exclusiva cupé BMW esperan ser usadas.

Diego está terminando de almorzar y recibe a POPULAR de muy buen humor. “Sentite como en tu casa, quiero mostrarle a los argentinos lo que estamos haciendo en Dubai”, dice orgulloso de su revolución en Fujairah. El club que el Primer Mi­nistro de Dubai, Mohamed bin Ras­ hid Al Maktum, le regaló a su hijo, Ahmed bin Rashid Al Maktoum, y que desde entonces tiene la obsesión de jugar en la Liga del Golfo. Por eso llamó a Diego, quien en menos de un año de trabajo le dio entidad y personalidad a un equipo que camina firme hacia el ascenso y que tiene una nueva prueba para conservar el liderazgo ante el Al Urooba.

“Este equipo era como un bebé”

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“Cuando llegué este equipo era como un bebé, los muchachos ju­gaban pero no tenían idea táctica, no sabían lo que era un entrena­miento profesional. Hoy le dimos orden, una táctica definida”, dice el Diez. Esa falta de educación futbolera hizo que tuviera que llamar a su amigo y gerenciador de Deportivo Riestra, quien lo ayudó con jugadores y con dos personajes claves: Bruno y “Pato”. El entrenador de arqueros, que logró una evolución nota­ble, y el especialista en videos que les dio una idea de cómo ubicarse.

Son las tres de la tarde, Diego baja de la habitación listo para hacer los 170 kilómetros que lo separa del Emirato de Fuyaira donde entrena a diario. En la camioneta lo espera su chofer, de la India, y el termo con el mate y los edulcorantes, infaltables, para sobrellevar un viaje en el que solo se ven montañas y arena.

“Me rompe las pelotas el tema del exceso de velocidad, yo quiero llegar”, se queja Diego. Es que en Dubai las mul­tas son tremendas. En las dos horas de viaje, el Diez habló de todo y no se guardó nada.

-Faltan cuatro meses para el Mundial. ¿Cómo ves a la Argentina?

De Sampaoli no quiero hablar, pri­mero porque me traicionó y segundo porque quiero que le vaya bien. Porque a mi bandera no la pisotea nadie, ni la silba nadie. Nosotros teníamos un proyecto con Sampaoli en el Sevilla. Él me llamó cuando estaba viendo la final de la Copa Davis en Croacia, imaginate lo desesperado que estaba. “Llamame cuando estés en Dubai y hablamos”, le dije.

“No, Diego, el Sevilla te quiere ha­cer un homenaje”, me dice. “¿Cómo? No me jodas, jugué tres partidos en Sevilla. Es lo mismo que me hagan un homenaje los de Fiorito”, le dije. No tenía sentido. Lo que pasó ahí es que él tenía todo arreglado con la Selección y me quería usar a mí para la foto. Él quería que yo sea su escudo...

-¿Pero tenemos chances de al fin cortar los 32 años de sequía?

-Estando bien el nene (por Messi) se tapan todas las otras cosas. El problema de Argentina es el retroceso, que no lo tenemos. Y no tenemos mediocampo. Yo digo, sin ofender eh, Biglia... ¿se habrá imaginado alguna vez vestir la camiseta de la Selección Argen­tina? Con todo el respeto del mundo que me merece él. Sabés lo que me jo­de a mí, que a nosotros nos costó mu­cho que nos respeten, que a la Argentina se le tenga miedo. Hoy, salvo Messi, le han perdido el respeto a la camiseta de la Selección. Mirá lo que fue el últi­mo partido con Nigeria, casi nos comemos ocho, por favor, sabés lo que pasaba en mi época en un partido así... Pero Sampaoli tiene suerte, si el nene está iluminado, le va a tapar todos los erro­res. Si él está con las luces prendidas, tenemos un 60 por ciento de chances de ser campeón. ¿Por qué? Porque los demás pueden hacer el coro, pero nunca lo pueden reemplazar cantando. Él es el único cantante, el resto no...

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Tevez, Ponzio, Gago...

-Hoy hay una polémica en Argentina y tiene que ver con Tevez. ¿Me­rece una oportunidad?

-Pero claro. No es un debate. No tenemos nada más. Estamos rasguñando las piedras para sacar un nueve, uno que desborde. Carlitos además tiene el fuego sagrado, contagia. El otro día a Di María le preguntaron cuál era su sueño: “Ganar la Champions”, dijo. ¿Y la Copa del Mundo con la Selección? Así piensan.

-Otros de los nombres que dan vuelta y justo por el tema del me­dio es el de Ponzio. ¿Te gusta?

-No me jodas... Acá lo que tiene que buscar Sampaoli son recupera­dores, eso falta. Pero no me jodan, si Ponzio es la salvación de la mitad de la cancha Argentina, estamos ha­blando de un equipo de Honduras. Y Gago pobre no llega, está roto. Yo le fui de frente a él. “Para que te voy a hacer matar en el entrenamiento si no vas a llegar en condiciones y no te voy a llamar. Recuperate tranquilo, por vos”, le dije. Algo que ahora le están exigiendo y por ahí es peor.

-El Pipa es otro que pide una nueva oportunidad. ¿La merece?

-Sin dudas. Lo que pasa es que el técnico es un mentiroso. Nos esconde las cosas y el técnico es el primero que tiene que decir la verdad. Por ejemplo tiene que decir que no tiene un nueve goleador en su lista, aun­que lo llame al bochornoso de Icardi, entonces vamos a muerte con el Pipa. El Pipa es diez veces mejor que Icardi, ese muchacho no sabe nada. De lo que sabe es de ir a comer a la casa de los amigos, eso lo sabe perfectamente, va sin GPS. Por eso para mí el Pipa tiene que tener una nueva chance.

-Dejaste un panorama duro del fútbol argentino...

-Me duele, mucho, pero la reali­dad es que vamos mal y no le veo salida. El título sería: “Después de Mes­si ¿Qué? Después de Messi, no hay nada...”

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