Cuando todo indicaba que se le agotaban sus chances, River terminó conquistando en la agonía del partido una victoria espectacular ante Gremio que lo clasificó a la final de la Copa Libertadores; los ribetes de una hazaña inolvidable.  

Era todo de Gremio: el resultado, el contexto, el desarrollo del partido, la clasificación a la final de la Copa Libertadores casi a su alcance. Y sin embargo fue todo de River en un puñado de minutos, cuando ya parecía que no tenía más nada que hacer.

La jornada del 30 de octubre de 2018 tendrá que ser recordada como un verdadero día de gloria para el sentimiento riverplatense. Porque fue glorioso su triunfo en Porto Alegre ante un adversario áspero, duro y convencido. Esta victoria trascendental no puede inscribirse en otro marco que no sea el de una hazaña. Porque las circunstancias le fueron muy adversas. Porque no se veía como River podía dar vuelta lo que ya se adivinaba como cosa juzgada. Y porque Gremio, en definitiva, estaba saboreando su pase a la final, sin sospechar que algo inesperado se le podía caer encima. Y se le cayó.

El 1-0 de Gremio en el Monumental y el 1-0 parcial de Gremio en Porto Alegre hasta los 36 minutos del segundo tiempo, se levantaban como dos paredes imposibles de pulverizar. Pero sucedió bajo una lluvia torrencial lo que solo puede provocar la dinámica irrepetible del fútbol. La magia del fútbol. Los misterios no resueltos del fútbol. Una pelota parada a favor de River en tres cuartos y el cabezazo del colombiano Borré (¿hubo mano?) que encendió lo que estaba congelado. Porque Gremio había puesto el partido en el freezer. Manejando los tiempos, las demoras y esas rutinas sensibles a dejar pasar los segundos que adquieren los equipos que interpretan que el trámite lo tienen absolutamente controlado.

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Hasta que se descontrola todo. Y se derrumba todo en un instante. River, que era boleta, vio que podía hacer algo más. Y fue a buscar el sueño que perseguía. Lo encontró ahí nomás. Lo encontró en un penal por mano de Bressan tapando un remate de Scocco que se fue desviado por arriba del travesaño.

La intervención del VAR fue determinante. El árbitro uruguayo Andrés Cunha observó una y otra vez la jugada decisiva (por lo menos en cinco oportunidades) y marcó el penal que el Pity Martínez transformó con un zurdazo violento en el inolvidable gol de la clasificación.

¿Qué hizo River para ganar? Lo mejor lo había construido en la primera etapa cuando le sumó cierta circulación a una postura y una presencia dominante a la que le faltó una mayor cuota de precisión en la zona donde se resuelven los partidos. Allí, en el área adversaria, no tuvo la agresividad suficiente para quebrar a Gremio, solo preocupado por defender los espacios y sacar un contraataque que nunca elaboró. Su estrategia era aguantar. Y esperar algún regalo o algo parecido para bajar todas las cortinas.

Y ocurrió a 10 minutos del cierre del primer tiempo, cuando Leo Gomes a la salida de un córner, con un rebote incluido, sacó un derechazo al segundo palo de Armani. El gol parecía la confirmación de un hecho anunciado. Gremio se perfilaba sin grandes sobresaltos a la final. River, ya sin Ponzio lesionado (ingresó Enzo Pérez para reemplazarlo), no denunciaba recursos individuales ni colectivos para empilcharse de héroe.

El complemento fue de Gremio en los pequeños y los grandes detalles, hasta que se reveló lo que no estaba previsto en ningún lado. Ni en el microclima de River. Porque no se manifestaba esa sensación. La sensación de que todo podía reformularse casi en un abrir y cerrar de ojos. La sensación de que el equipo iba a reencontrar su versión más avasallante. Y sin ser avasallante, porque no lo fue, alcanzó en el cierre a dibujar una de sus noches más celebradas que le van a dar al equipo un estímulo muy difícil de medir, pero muy fácil de sospechar.

Estas victorias no le pueden pasar a nadie por alto. Ni a River ni al rival que tenga que enfrentarlo en la final. Porque son victorias que dejan una estela. Una marca. Un registro potente. Y una mística.

No importa tanto si River jugó bien o si su producción fue mediocre. Importa lo que conquistó bailando bajo la lluvia, cuando el triunfo ya se había convertido en una realidad. Y esa realidad tiene la sustancia de un episodio histórico.

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