Maradona habló de los costos que está pagando Argentina por no tener a Messi en la Selección. Los silencios prolongados del astro del Barça. Las dudas e inseguridades que lo persiguen. Los límites que no logró superar

Afirmó Diego Maradona en su rol de entrenador de Dorados de Sinaloa, en una entrevista reciente que dio a la prensa española: “Messi tendrá que volver a la Selección, pero si no lo hace estamos al horno. No tenemos un jugador que tire una pared”.

La realidad es que más allá de la caracterización de Maradona sobre la influencia del astro del Barcelona en la Selección, el silencio de Messi sigue extendiéndose en el tiempo. La Selección que conduce Lionel Scaloni cerrará el año con los dos partidos frente a México este viernes en Córdoba y el próximo martes en Mendoza sin haber encontrado ninguna respuesta de Messi sobre su futuro con la camiseta argentina.

Lo que prevalece son las especulaciones. Y las interpretaciones de todo tipo y calibre de aquellos que dicen conocer el pensamiento de Messi y su deseo de regresar a la Selección después del colapso en Rusia 2018.

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La pregunta casi inevitable se construye sin complejidades: ¿es imprescindible que vuelva Messi? La respuesta casi inevitable también se construye sin complejidades: no es imprescindible. Lo que no significa bajarle el precio a Messi. La calificación futbolística a sus 31 años (los cumplió el 24 de junio) continúa siendo altísima.

Pero el mismo Messi revela con este silencio hasta ahora imbatible que la Selección le genera sentimientos contradictorios. Quiere estar y quiere no estar. Quiere sentirse parte y quiere alejarse. Quiere regresar y quiere no volver a exponerse.

Le cuesta demasiado a Messi metabolizar los microclimas favorables y adversos que siempre rodean a la Selección y en especial a su figura. Se siente acosado por esos microclimas. Por las opiniones del afuera. Por las exigencias que trascienden a su círculo rojo. Y por las lecturas que le ponen arriba de la mesa ciclos que en la Selección terminaron sin consagraciones.

Es evidente que a Messi le pesa la Selección. Y ese peso intransferible es el que, en definitiva, hoy lo deja afuera del equipo de Scaloni. Que lo admita es imposible. Estas cosas no se admiten. Y si se admiten en privado no se dan a conocer en público.

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La relación protocolar Messi-Selección quizás está intacta. El vínculo, no. Porque el vínculo es la necesidad existencial de encontrarse bajo cualquier circunstancia. Buena o mala. Es la potencia del vínculo lo que permite superar y atravesar las adversidades que siempre están presentes.

El fútbol de Messi no está en discusión. Se podrán discutir algunos episodios particulares del juego. Algunos detalles más finos o más gruesos del juego que no pueden pasarse por alto. Pero cualquiera que frecuente el fútbol sabe que Messi es un elegido. Que lo fue y que lo sigue siendo. Sin embargo ser un elegido no lo pone a salvo de todas las debilidades humanas.

Lampe frente a la Argentina de Messi
Lampe frente a la Argentina de Messi

Y él tiene una que lo persigue. No es jugar bien o muy bien para la Selección. Ya lo hizo en numerosas oportunidades, aunque en instancias decisivas no la rompió ni fue determinante. No es hacer golazos infernales. Ya los hizo. No es dar pases que dejan a un compañero solo con el arquero. Ya lo hizo. Lo que no hizo es superar los límites que Messi se establece en la Selección.

¿Cuáles son? Sus dudas, sus inseguridades, sus fantasmas. Dudas, inseguridades y fantasmas que también se expresan al momento de venir o de quedarse en esa gran zona de confort que es el Barça. Allí, en ese escenario, se siente pleno. En la Selección, no. Y esto no lo puede modificar nadie. Solo él. Por otra parte, transferir responsabilidades es una estrategia mediocre.

Como citamos en el arranque, Maradona declaró en el diario deportivo Marca de Madrid, que sin Messi “estamos en el horno”. La explicación de Diego se enfoca únicamente en el plano futbolístico. En los costos de no tenerlo. No contempla otros planos. No se detiene en otros territorios. En el territorio de Messi. En la decisión de Messi. En las pausas prolongadas de Messi con la Selección. ¿A qué obedecen? A su naturaleza.

Decía el Che Guevara que “hay que endurecerse sin perder la ternura jamás”. Messi todavía no se endureció. Y quizás nunca lo haga.

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