Con la historia empujando y sumando fichas al fenómeno y con un grado altísimo de efectividad en resultados y decisiones, Marcelo Gallardo sigue metiendo sus pies en la fuente de la victoria. Si como jugador ya había demostrado chapa ganadora al ser parte de un par de momentos de gloria al ganar 8 inolvidables títulos, ahora como DT se está convirtiendo en un prócer con dos coronas internacionales en poco más de medio año.
Sumando además un dato inolvidable para los tiempos que vive el Millo, el arribo a una final de la Copa Libertadores luego de 19 años de dolorosa espera y con 4 semifinales seguidas en las que la banda se ahogaba en la orilla.
Es que además este equipo, no tiene los nombres pesados e históricos de aquellos procesos del Bambino Veira y Ramón Díaz, lo que lo convierte en un producto absolutamente propio. En el 86 fueron Funes, Alzamendi, Alonso, Funes o Ruggeri, y en el 96, Francescoli, Ortega, Almeyda, Astrada y Hernán Díaz. Por estos días la figura parece ser un equipo de jugadores que se hacen mejores jugando junto a los demás y no como individualidades.
Además se nota y mucho que los refuerzos y los nombres que elige el DT pagan con creces sin ser consagrados mundiales. Pasó en la etapa pasada cuando sorprendió con Pisculichi y cuando hizo volver a Mora y a Sánchez o cuando hizo quedar a Ponzio, Pasa ahora con esta apuesta de Alario y hasta con un Viudez que un ratito ya explicó porque lo buscaron tanto.
Lo construido por Gallardo en tan sólo en una temporada de trabajo tiene un valor de alto rango, por los resultados finales que están a la vista y por que hay un sello ganador con una manera de jugar que le da un plus aun más memorable.
Toda esta épica ganadora para un equipo que parece ser siempre el menos candidato de todos le imprime otro rasgo para la memoria. Eliminar a Boca dos veces seguidas en las Copas, ir y ganar en Brasil con un partido perfecto tras haber perdido de local, clasificar a la ronda final siendo el peor de todos los segundos y perder a la gran figura Teo y poner a Alario que jugaba en Colón y que nadie se acuerde del colombiano, son situaciones imposibles de no anotar en la lista de aciertos.
La gloria se construye y hay pruebas a la vista en este caso del River de Gallardo que las cosas no siempre se dan por obra de la buena fortuna.
comentar