A los 25 años y después de un período de confusión futbolística, Federico Mancuello explotó como un jugador de toda la cancha con gran recorrido y llegada al gol. Su estupenda evolución está relacionada con la continuidad, con la función que hoy desempeña y con su muy buena interpretación del juego.
   "Un jugador alcanza la madurez entre los 25 y los 27 años. Ahí es cuando  se consolida". Las palabras le pertenecen a ese viejo maestro de las inferiores, Jorge Bernardo Griffa. Precisamente en esa franja se encuentra Federico Mancuello, hoy con 25 años. Si alcanzó o no Mancuello su madurez para interpretar el juego se verá en el futuro inmediato.

   Lo que sí queda en evidencia es el gran crecimiento que viene denunciando el jugador de Independiente, después de una etapa de confusión que lo fue postergando. En este caso hay que responsabilizar también a los directores técnicos que lo fueron utilizando como un comodín para varias funciones: puntero izquierdo, volante por ese lateral, marcador de punta y ahora volante por el medio, donde encontró su espacio y su dinámica

   Mancuello siempre aceptó todos los retos. Jugó donde lo pusieran. Y parecía que no hallaba su posición. O su especialidad. Muchas veces jugar de todo conspira contra las posibilidades de un jugador. Porque no se afirma en ningún puesto. Y no le descubre los secretos o los misterios a ninguna función.

   Esa versatilidad de Mancuello lo acercó a la necesidad de acomodarse en el campo, partido tras partido, en diferentes obligaciones. ¿Pero que lugar de la cancha se adecuaba mejor a las características de Mancuello?

   El entrenador Jorge Almirón redescubrió a Mancuello como doble volante central. Y lo ratificó allí, para acompañar en este caso a Franco Bellocq en el retroceso defensivo y en la salida a campo abierto. Y Mancuello, sorpresivamente, fue encontrando su mejor versión.

   Es cierto, es mucho más eficaz yendo (los 8 goles que anotó en los 10 partidos del torneo son una prueba irrefutable) que volviendo, porque por pasajes suele desordenarse cuando Independiente pierde la pelota, pero su influencia tanto en el ritmo ofensivo como en la dinámica del equipo, hoy lo convierte en un jugador imprescindible.

   Al mérito de Almirón de brindarle al volante la responsabilidad de la recuperación de la pelota en la zona central y a la vez la libertad para pasar al ataque y definir desde afuera o dentro del área, Mancuello supo retribuir esa confirmación con una presencia vital y decisiva que, incluso, despertó el interés del Tata Martino por convocarlo a la Selección nacional.

   Porque no es que se destaca solo por lo que corre y mete, desde cierta ligereza tribunera. Se destaca porque, en general, resuelve muy bien, aún cuando en algunas oportunidades pueda trasladar en exceso. Igual, su saldo es estupendo. Y su actitud también. Como para preguntarse, ¿cuál es su techo? Hoy, es un volante de ida y vuelta con gol, alta determinación y posibilidades de seguir expandiendo las fronteras de su juego.

   Depende de Mancuello. Si se detiene demasiado a escuchar todos los elogios que le prodigan (algunos de ellos, exagerados), puede correr el riesgo de creerse que es un fenómeno. Y no lo es. Si, en cambio, no se encandila, como lo denuncian sus respuestas, puede continuar creciendo. Esto también lo debe decidir Mancuello. Como lo hizo hasta ahora.