La igualdad ante Gimnasia fue un fiel reflejo de lo que resultó el ciclo de Pellegrino como DT del Rojo en el semestre. Un equipo que al faltarle la importancia de un objetivo quedó desnudo en su falta de hambre, en su poca identificación y finalmente terminó en una caída libre que también se llevará puesto a un técnico que nunca pudo agradar, convencer y sacar el plus que se necesitaba en los momentos clave.
No es hacer leña del árbol caído, es analizar resultados. Y no solamente los resultados numéricos (porque de los catorce ganó cinco, empató seis y perdió tres) sino que los resultados obtenidos en el proyecto por el cual fue contratado hablan por si solos: fue lisa y llanamente un fracaso. Independiente se armó el año pasado para llegar a la Libertadores y paso a paso fue dilapidando chances de cumplir lo propuesto. Y si se le renovó el crédito para este semestre fue porque se pensaba que con un esfuerzo más podría pensarse en el título. Es que el Rojo era el único de los grandes que no iba a tener participación copera y el nuevo formato invitaba a soñar con una vuelta.
Pero Pellegrino no pudo a lo largo de estas fechas plasmar una idea futbolística. No tuvo el convencimiento, no encontró el equipo y si bien tuvo numerosas posibilidades de prenderse en la lucha por el primer puesto, debido a falencias de rivales, las dilapidó por falta de carácter. Y ojo, no confundirse, carácter no es empatarle el partido a Gimnasia después de estar dos goles abajo peleando por nada.
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