La Bombonera latió al compás del Diez, pidiendo por la renovación de su contrato, y el jugador dejó en claro sus deseos. Sin embargo, la propuesta obligada de la dirigencia va en camino de una negativa.
La Bombonera dio su veredicto y el ídolo dejó en claro su mensaje, ambos coincidentes en la continuidad del romance por al menos cuatro años más. Sin embargo, pese a ese pedido multitudinario, la renovación del contrato de Juan Román Riquelme amenaza con ser otra novela interminable, por diferencias internas en el seno de la Comisión Directiva y por el fastidio del propio protagonista, cansado de estar siempre en el foco de la discusión, sin esa unanimidad ni el convencimiento necesario de la mayoría.

"Voy a seguir jugando a la pelota, acá en Boca o en otro lado. Le prometí a mi hermano jugar hasta los 40 años", dijo Román ni bien terminó el partido ante Lanús, dejando por primera vez sentadas sus ganas de prolongar su carrera. Y, de paso, como para que los dirigentes escuchen, esa declaración de darle a la redonda hasta los 40, justo cuando está por cumplir 36, no fue ni más ni menos que darles a entender que pretende otro contrato de cuatro años, tal como el que finalizará el 30 de junio y que tanto cuestionó el actual presidente Daniel Angelici, en épocas de tesorero.

En ese contexto, entonces, la tarea parece complicada, casi imposible de realizar, porque obviamente los dirigentes no aceptarán renovarle por cuatro años más. En realidad, la idea siempre fue no prolongarle el vínculo, pero ante el clamor popular le harán una propuesta a Riquelme que, seguramente, encontrará una negativa del crack.

En términos más o menos aproximados, la idea sería proponerle un contrato de un año y medio de duración, hasta fines de 2015 (fecha en la que termina el mandato de Angelici y el vínculo con el técnico Carlos Bianchi), con una importante rebaja en sus haberes, que podría ser compensada con un convenio de productividad, que abarcaría cantidad de partidos jugados, títulos, goles y asistencias, entre otros ítems.

Lógico para el pensamiento de los dirigentes, cansados de las continuas lesiones de Riquelme y de las internas que se producen a su alrededor dentro del vestuario. Y que lleva implícito el convencimiento de que el Diez les dirá que no, porque por su forma de ser no se prestará a una continua evaluación, con fecha prematura de vencimiento.

En fin, esta vez la Bombonera también habló, pero el silencio que provocará el Mundial será un campo propicio para que los dirigentes logren su propósito. Román se anticipó y por eso manejó todo como una despedida. Un crack.

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