Sin embargo, el equipo de
Angel Labruna descontó por intermedio de
Oscar Más antes de que finalizara la etapa inicial, y Víctor Marchetti marcó la igualdad definitiva promediando el segundo tiempo. La paridad se mantuvo hasta el pitazo final de Oscar Veiró, que desencadenó un cierre soñado por los boquenses: campeones... y en el estadio de River. Boca pudo cumplir con el rito de la vuelta olímpica, más allá de que alguna mano abrió los grifos de riego del campo de juego como para impedirlo. Los aplausos de muchos plateistas de River completaron un desenlace que hoy suena extraño.
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