Un chico de 16 años tiene el don de ver gente muerta. Ese contacto con el más allá tiene sus privilegios: “Varias veces me salvaron la vida”, relató este joven poseedor de un “sexto sentido”.
Joan Manuel tiene 16 años, es hincha de Boca, escucha con pasión a La Renga, le gusta el cine de acción y pasa horas chateando con chicas por internet. Hasta ahí, todas características de un pibe normal. Pero se diferencia de sus pares adolescentes por algo que él mismo califica como un “don”. Se trata de una extraordinaria capacidad para ver gente muerta y observar la realidad de manera diferente al resto. Ese contacto con el más allá tiene sus privilegios. “Varias veces me salvaron la vida”, contó el protagonista, un verdadero exponente del denominado “sexto sentido”.
“Nadie puede explicarme por qué tengo esto. No lo hablo con todo el mundo, porque en ocasiones lo toman para la risa. Mi mamá y mi abuela saben todo lo que veo, escucho o siento. Me creen. Una bruja me dijo una vez que yo tenía un don especial, que tengo que cuidarlo y hacerlo crecer. Habló de un tercer ojo, que mira cosas que la mayoría no puede notar. Puede ser algo divino, pero me inclino por pensar que es algo natural”, dijo Joan, en declaraciones exclusivas a EXPEDIENTES SECRETOS.
La historia del adolescente y su “don” es compleja de relatar. Es que los episodios paranormales que protagonizó se amontonan por docenas, se entrecruzan y causan asombro. “La primera vez que confirmé que tenía algo especial ocurrió una semana después de fallecida mi bisabuela. Yo tenía 9 años. Estaba durmiendo, sentí una presencia y cuando abrí los ojos ahí estaba mi bisabuela muerta, vestida con su ropa habitual pero más joven que al momento de fallecer. Fue increíble y muy movilizador. Recuerdo que lo conté a mi familia y nos emocionamos mucho”, relató el joven.
Por supuesto, eso no es todo. “Una vez, venía caminando y sentía que algo me seguía, me daba vuelta pero no veía nada. Pero tenía esa sensación que tengo cada vez que me está por ocurrir algo extraño. En un momento, decidí cruzar la calle, y cuando estaba por poner un pie en el asfalto, escucho que me chiflan, fuerte y obviamente dirigido a mi”, contó el chico. “Al escuchar este sonido, paro mi marcha, me doy vuelta pensando que se trataba de algún amigo o conocido, pero no, otra vez no había nadie. Bueno, mientras tanto, un camión pasó a toda velocidad y fuera de control por el lugar que yo debía transitar. Es decir, si no hubiera escuchado ese chiflido, hoy estaría muerto. No tengo dudas que me salvaron la vida”, comentó Joan.
Esa no fue la única vez que “desde el más allá” lo ayudaron a evitar un drama. “Fueron varias veces las que me salvaron, con avisos directos o indirectos. En ocasiones, hasta intervienen directamente. Incluso, cuando era un bebé mi mamá me cuenta que no se explica una ocasión que estuve cinco minutos colgado a una altura de siete metros sin caerme. Es como que decidieron protegerme. No lo puedo explicar, pero siento eso”, dijo Joan.
Entre los últimos episodios, el muchacho resalta las apariciones que observa en la casa de unos amigos, donde nunca se habían registrado hechos misteriosos. “Vi en varias ocasiones a un muerto, que visita la casa de manera recurrente”, contó el chico, precisando que “es verdad que en esa vivienda no habían visto nada raro, hasta que llegué yo, pero no es la primera vez que me ocurre algo parecido”.
La experiencia del monstruo
“Hay un episodio que pocas veces conté, salvo a las personas que saben lo que me ocurre con los muertos. Pasó cuando salía de un cumpleaños. Estaba con algunos chicos y chicas, y de pronto vi que sobre una medianera de unos siete metros, ubicada al frente, se encontraba una extraña criatura, de cuerpo voluminoso. No sé qué era, aún no puedo explicarlo”, contó Joan Manuel.
El joven precisó que “los chicos seguro vieron mi cara asombrada, y me preguntaron qué me pasaba, entonces decidí decirles lo que estaba viendo a pocos metros, pero ellos miraron y no vieron nada, cuando yo seguía viendo que estaba ahí parado, hasta que se levantó y comenzó a caminar en cuatro patas”.
Por PACHI LA FATA