El comienzo coincidió con las vacaciones de invierno. Sin embargo, los niños aún no pueden disfrutar de ese espacio. Se denuncia que desde hace semanas no trabaja ningún obrero
Los vecinos del barrio porteño de Caballito contemplan desde hace meses una de las tantas cuentas pendientes que el Gobierno de la Ciudad mantiene en materia de espacios públicos. Porque si hasta hace unas semanas, se mantenía una tensa calma ante la iniciativa oficial del PRO de reflotar la construcción de un shopping de faraónicas proporciones en terrenos que ya habían sido declarados como espacios verdes, ahora, a pocas cuadras de allí, existe una demostración fundamental de la inmovilidad que sufren las obras llevadas a cabo en la ciudad cada vez que culmina la temporada de elecciones.
El blanco elegido fue, nuevamente, la Plaza Irlanda, situada en el entramado de las calles Donato Alvarez, Neuquén, Seguí y Gaona y en el que desde hace casi seis meses se lleva a cabo la construcción de un pelotero que parece no tener fin.
Su construcción coincidió con el comienzo de las vacaciones de invierno lo cual provocó que los padres que pretendían unos minutos de esparcimiento gratuito para sus hijos debieran optar entre la calesita (paga) que funciona en el predio y el hacinamiento en un pelotero de menores proporciones que quedó fuera de la remodelación.
Con las vacaciones de verano ya comenzadas, los pequeños aún no pueden disfrutar de un lugar pensado para ellos. Claro que el aún es relativo ya que la desidia observada en el vallado de la obra, en la que hace semanas no trabaja nadie, ocasionó que queden lugares abiertos entre las rejas que son aprovechados por algunos pequeños para introducirse en el lugar sin que se pueda garantizar mínimamente su seguridad.
En tanto, la casilla del guarda del parque -quien brilla por su ausencia- permanece en un extremo de la plaza, abandonada y pintarrajeada.
Esta ausencia -ocasionada quizá por una vieja rencilla instaurada hace años entre los guardaparques y el gobierno a raíz del pedido de los primeros de ser efectivizados en sus tareas y dejar de ser contratados como monotributistas- ha provocado que en los últimos meses, el predio haya sufrido grandes daños.
Algunos vecinos, hartos de esperar a que el jefe de gobierno porteño se decida a inaugurar la obra, decidieron tomar el toro por las astas y quitaron los plásticos que recubren a los aparejos implantados en el lugar para realizar ejercicios físicos.
Otro problema a la vista es la fragilidad de las medidas de seguridad tomadas para llevar a cabo la obra. En julio se quitaron algunas rejas para hacer pasar a las máquinas topadoras, las cuales permanecen aún amarradas con alambres, con lo que la plaza queda abierta durante toda la noche y a merced de grafiteros y jóvenes que se reúnen en el lugar a tomar bebidas alcohólicas, cuyos residuos -tanto materiales como fisiológicos- quedan esparcidos por un lugar que entre la mañana y la tarde recibe la visita de los más pequeños.
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