La definición del estado como la institución que detenta el monopolio de la violencia física, nos determina la grave desarticulación social que implica que los ciudadanos tomen por si el uso de la violencia para 'resolver' un conflicto.
Cuando se suceden ejemplos como los que vivimos en estos días de vecinos que a los tiros o que a los golpes pretenden impartir 'justicia', hay algo más que un loco suelto dispuesto a romper un auto o un par de huesos.
Es sobre todo una sociedad que vive marginal a la norma y que no supo constituir instituciones sólidas y confiables que medien y lauden sobre los conflictos de intereses que siempre van a existir.
Los dirigentes son primordialmente responsables por ello, sobre todo porque fallan en brindarnos mecanismos ágiles y eficientes de respuestas a quejas y reclamos de los ciudadanos de a pie; pero todos tenemos una cuota de responsabilidad.
Debemos comprender que el único camino posible para vivir en una sociedad que brinde confort y seguridad a sus integrantes es el cumpliendo estricto de las normas.
Debemos aceptar que para resolver un conflicto debemos utilizar los mecanismos legales que están previstos por ley, solicitar la acción del estado, de las instituciones o de la justicia, sin caer en el prejuicio que nada sirve y que el único modo lo impongo según mi criterio o conveniencia.
Para cada situación hay uno o más caminos previstos y para los casos de inmediatez o de situaciones donde la Justicia es engorrosa hay mecanismo de mediación gratuita en defensorías, en colegios de abogados, en algunos municipios y en ámbitos especializados en encontrar un justo punto de equilibrio o de acuerdo entre partes.
Finalmente si no hay acuerdo el castigo o la pena deberá ser impuesta por quien está facultado y habilitado para ello. No es vano alguna vez se señaló con certeza que 'la fuerza es la razón de las bestias'.
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