Pero en el aire de Zavaleta no se respiran aires de revancha. Además de un fétido olor por la contaminación del Riachuelo, en el aire de esta villa porteña se respira tristeza, indignación y hastío.
Hartos de vivir en una zona liberada, de ser invisibles para el Estado y para el resto de la sociedad, y de escuchar a las fuerzas de seguridad decir "que se maten entre ellos", decidieron poner manos a la obra. Pasar del reclamo a los hechos concretos.
Por eso pusieron en marcha un control popular de las fuerzas de seguridad que ya están llevando a cabo los propios vecinos. Estos "vecinos sin gorra" no se ocuparán de interpelar a otros habitantes del barrio, ni reemplazar a las Fuerzas de Seguridad, ni "buchonearse" entre ellos, sino que el objetivo será "registrar a los efectivos que intenten amedrentarnos sin identificación, armarnos causas o rompernos puertas sin órdenes de allanamiento, como así también denunciar los abusos de autoridad que resultan recurrentes sobre los pibes más desprotegidos".
"Esto surgió por consenso en el barrio, teníamos la necesidad de poder dormir tranquilos y vomitamos esto", explican desde La Garganta Poderosa (la revista portavoz de la cultura villera).
Después de la muerte (el crimen) de Kevin, los vecinos de Zavaleta tuvieron la visita de una violenta razzia de gendarmes. Algo que pasa cada tanto y que se cansaron de denunciar.
"Algo teníamos que hacer, pero algo que surja de nuestra propia cultura", manifiestan. Para ellos, las soluciones no vienen desde afuera, ni de las mesas redondas que se arman en el centro de la CABA para hablar sobre la problemática de las villas, donde, aseguran, "subestiman a quienes vivimos en las villas".
Elegida por asamblea, una comisión de vecinos trabaja en conjunto y en guardia. Construyeron una casilla que hace las veces de garita de seguridad y desde allí monitorean, las 24 horas, lo que pasa en Zavaleta. "Si la gorra se zarpa, denunciala acá", se puede leer en letras rojas.
Lograron el apoyo del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y la Procuraduría contra la Violencia Institucional (Procuvin), con quienes están comunicados constantemente. A ellos les entregan un registro diario del movimiento de los gendarmes y demás fuerzas de seguridad.
"Estamos para hacer lo que el Estado no pudo hacer aún", dicen. Hasta ahora, el Estado no pudo o no supo cuidarlos, no pudo o no supo responder a sus denuncias y tampoco supo o pudo encontrar a los asesinos de Kevin.
"El único miedo que tenemos es que nos maten a otros pibes"
En un programa radial en Radio América, el ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, "celebró" que los vecinos de Zavaleta controlen a las fuerzas de seguridad. "Nosotros celebraríamos que el Estado las controle", responden desde La Garganta, e insisten con que, por ahora, la intervención estatal es "nula".
"Nosotros sabemos que las condiciones estaban dadas para que nos maten otro pibe", destacan. Y ese es el único miedo que tienen. "Preferimos que nos maten a uno de nosotros, pero a nuestros pibes, no", agregan, con crudeza, y sentencian: "Desde ya que responsabilizamos al Estado por cualquier otra muerte que ocurra en la villa, ellos nos dejaron solos".
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