En un tiroteo en el barrio Zavaleta, recibió un balazo en la cabeza. Antes, los vecinos habían avisado a Prefectura de la balacera, pero no los escucharon. Lo denunció la revista La Garganta Poderosa, portavoz de la cultura villera, indignada por el abandono y la invisibilidad de las carencias y las tragedias que viven a diario.

Acurrucado debajo de una mesada lo encontró su mamá. Kevin Molina, de 9 años, se había hecho pis encima del miedo, del terror que sentía cada vez que retumbaban los tiros en el barrio Zavaleta, de Pompeya. La mamá pensó que todavía se estaba protegiendo, pero ya estaba muerto.

Tenía un tiro en la cabeza Kevin. Una bala perforó la endeble pared de la casilla en la que vivía con sus hermanos.

"Toda Zavaleta está destrozada, llorando sangre y sintiendo que nada sirve para nada, que podemos marchar a tribunales o explotar en las redes sociales, pero seguiremos siendo 'los marginales", dicen desde La Garganta.

Están indignados, destrozados, furiosos. Dicen que el tiroteo arrancó en la madrugada del sábado y que se dio en tres partes, "como si fueran a buscar municiones y volvieran". No eran del barrio los que tiraron. Eran de afuera.

Después de la primera ráfaga de balas, un grupo grande de vecinos se fue hasta la garita que tiene Prefectura sobre la calle Iriarte, para pedir ayuda. Los efectivos fueron hasta el barrio, vieron las vainas, sabían en qué casa estaban atrincherados los blancos de la balacera, pero se volvieron a Iriarte. Liberaron la zona, una vez más.

La excusa para el abandono y la despreocupación de cuestiones como ésta es que son riñas de jefes narco. "Como si los jefes narco vivieran acá, sin cloacas, con la luz que se corta cada dos días", detallan desde La Poderosa. Lo que hay, dicen, son vecinos que son utilizados por los jefes narcos y que, de vez en cuando, reciben estas "visitas".

La segunda ráfaga de tiros fue mortal para Kevin, quien murió justo a la vuelta de la placita que hace 4 años fundaron y levantaron los propios vecinos "sin ayuda de nadie, ni del Gobierno de la Ciudad, ni de nadie". Esa plaza, paradójicamente, lleva su nombre. Pero no por él, sino por otro pequeño tocayo que también fue víctima de una bala en 2009.

La invisibilidad también mata

No están enojados sólo con Prefectura y los gobiernos. También están indignados con los medios, que no difunden estos casos. Están seguros de que si este asesinato no hubiera pasado en la villa, hubiese sido tapa de todos los diarios. Pero no. "Nuestros pibes también valen", denuncian.

"La Prefectura no es la única que libera la zona, los medios también lo hacen con su accionar", aseguran. "Tuvimos 10 mil compartidos de la foto de Kevin en nuestro Facebook y ningún medio publicó nada", se indignan.

Lo cierto es que Kevin está muerto, fue asesinado y nadie se acercó a darles una mano, ni cuando lo pidieron ni ahora, que no pueden más con su desconsuelo. "A Kevin lo mataron y nadie nos lo va a devolver", concluyen. Y, una vez más, están tristemente en lo cierto.  

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