Los cursos y talleres destinados a personas de 60 años y más favorecen la integración social, la generación de nuevas amistades y promueven las relaciones intergeneracionales

Especialistas destacaron la importancia del desarrollo de proyectos educativos, cursos, talleres para adultos y adultas mayores dado que son clave para la integración social, el empoderamiento, para descubrir nuevas habilidades, modificar prejuicios que atentan contra un envejecimiento activo, generar vínculos y promover relaciones intergeneracionales.

En Argentina, el 29,9% de las personas de 60 años y más tiene interés en participar de actividades educativas; se trata de 1.800.000 personas que, si tuvieran la posibilidad, les gustaría aprender, estudiar. Así lo reveló el informe “La capacidad de aprender en las personas mayores”, del Barómetro de la Deuda Social con las Personas Mayores, cuya presentación fue publicada la semana pasada por este diario.

El estudio, presentado por el coordinador del Barómetro de la Deuda Social con las Personas Mayores, el Doctor en Sociología Enrique Amadasi, daba cuenta del interés de los mayores en participar de cursos, de las desigualdades que se presentan según niveles socioeducativo y socioeconómico, de los desafíos y las oportunidades.

Tras esa exposición, realizada en la sede de la Fundación Navarro Viola, prestigiosos especialistas manifestaron los efectos positivos de la educación en las personas mayores.

“El placer de aprender”

El trabajador social y psicólogo social David Zolotow, fundador del programa Universidad de la Tercera Edad (UNITE) de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, afirmó que, para los alumnos y alumnas mayores, los cursos y talleres “implican descubrir nuevas posibilidades de aprendizaje, establecer vínculos y participar activamente”.

“El desafío (de las universidades) es crear un espacio para un sector de la comunidad que no aspira a tener títulos de grado ni postgrado, sino que simplemente se acercan por el placer de aprender, por la posibilidad de socializar, tener nuevos amigos”, remarcó.

Asimismo destacó que “en el espacio universitario, donde se comparten los pasillos, la confitería (con alumnos y alumnas jóvenes), se posibilita la integración intergeneracional y permite que las otras generaciones modifiquen los prejuicios que tienen hacia las personas mayores”.

Los programas universitarios para la tercera edad “no requieren estudios previos, no dan títulos habilitantes; en general, sí dan certificado de asistencia en una ceremonia final que es un orgullo para el alumno y toda su familia”, afirmó.

Zolotow, corresponsal por Argentina de la Red Latinoamericana de Gerontología, explicó que “aprender no es solo acumular información, también significa la posibilidad de modificar actitudes, desarrollar potencialidades”. Y señaló que “a lo mejor, la asimilación de la nueva información es costosa pero, a partir del compartir, se van modificando conductas que luego los alumnos revierten en el ámbito cotidiano y también descubren potencialidades que estaban dormidas.”.

Centros de estudiantes

Por otra parte, indicó la importancia de la creación de centros de estudiantes de alumnos y alumnas mayores a fin de ser “participantes activos” de las iniciativas educativas. “Cuando vemos que los programas para mayores tienen centros de estudiantes y participan activamente en el desarrollo del proyecto podemos pensar en integración, participación y activismo”, resaltó.

Y ejemplificó que “es diferente, cuando alguien se acerca por primera vez a indagar sobre los cursos, que sea recibido por un par, una persona mayor que le pueda decir ‘quedate tranquilo, acá no importan tus conocimientos anteriores’, ‘acá todos aprendemos’”.

En tanto, hizo referencia a la Gerontagogía y la importancia de su desarrollo, dado que se trata de “la pedagogía destinada a conocer las características de la enseñanza y el aprendizaje de los mayores”.

“Fuerte impronta en el interior”

Por su parte, el doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación José Yuni afirmó que “la educación de las personas mayores tiene una fuerte impronta en el interior del país” con el desarrollo de los programas en las universidades “desde el año 1984”, cuando se implementó el primer proyecto universitario de la tercera edad de Argentina, en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Entre Ríos. Destacó que a lo largo de estos años se desarrolló un espacio de “participación social para las personas mayores, para que puedan integrarse fuera de la familia, la iglesia o de algún club”.

“Las universidades nacionales y públicas hemos desarrollado un trabajo que hace treinta años era impensado, (demostrar) que una persona mayor pudiera aprender”, manifestó.

“Cuando las universidades nos hemos hecho cargo, a través de los programas educativos, se visibilizó no sólo que las personas mayores podían aprender sino que con ese aprendizaje podían volver al seno de la sociedad con proyectos de voluntariado, con acciones, y se fue sensibilizando, ayudando a construir esta imagen que hoy se tiene, que tras la jubilación muchos tienen como proyecto estudiar algo”, afirmó Yuni, investigador del CONICET, fundador del programa Universidad de Mayores (UNIMAS) de la Universidad Nacional de Catamarca y del programa Educativo de Adultos Mayores de la Universidad Nacional de Río Cuarto, provincia de Córdoba.

Asimismo destacó la importancia de la implementación de políticas públicas que permitieron que hoy tengamos una Convención Interamericana de Protección de los Derechos de las Personas Mayores, cuyo artículo 20 trata sobre el derecho a la educación.

Centros de jubilados

También señaló el trabajo que se realiza en los cursos de los centros de jubilados: “A veces se confunde, se piensa (a estas actividades) desde lo recreativo, pero son espacios de aprendizaje, donde las personas mayores pueden aprender recursos para mejorar su calidad de vida”.

En tanto, sostuvo que “esta generación de adultos mayores es producto de una escuela, aunque sea primaria (en un porcentaje), pero que dejó una marca muy importante en el valor de la educación como instancia de superación personal”.

“En algunos estudios sobre motivación hay un porcentaje de personas mayores en lo que llamamos motivación de asignaturas pendientes, quienes quisieron estudiar pero por sus condiciones de vida, determinaciones sociales, familiares, no pudieron hacerlo y esto los marcó, les quedó la deuda con su propia educación y (en la vejez) es el momento”, destacó.

Calidad de vida

La Magíster en Gestión de Servicios de Gerontología y referente institucional del programa UPAMI (Universidad Para Adultos Mayores Integrados) en la Unidad de Gestión Local VII-La Plata del Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (INSSJP), María Nair Tordó, sostiene que “en estos espacios, la educación aparece como herramienta de integración social” y que “siempre se tiende a mejorar la calidad de vida, la autoestima, la socialización”.

Asimismo destacó la feminización de la vejez y la amplia participación de las mujeres mayores en los programas educativos. “Las que asisten a los cursos son mujeres que dejaron de ser satélites de deseos de otros y eligieron una nueva filosofía de vida”, afirmó.

En tanto, el licenciado Ramón Vallejos, de la División Promoción Educativa perteneciente a la Secretaría de Promoción del INSSJP, señaló que en diez años del programa UPAMI “se realizaron 20.460 cursos, delos que participaron 305.908 afiliados” en todo el país.

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