El cáncer de útero que estalló como una atroz pesadilla en Eva Perón empezó a manifestar sus síntomas a fines de 1949, aunque la afección que llevaría a la muerte tres años más tarde a la Abanderada de los Humildes le fue confirmada a los pocos meses de comenzar a padecer los primeros dolores.
El 10 de enero de 1950 el prestigioso cirujano Oscar Ivanissevich sometió a Evita a una intervención quirúrgica con la creencia que las molestias que venía sufriendo en la ingle desde hacía un tiempo eran producto de una apendicitis. Sin embargo, lo que el especialista halló en la cavidad pelviana fue una masa tumoral que cambiaba abruptamente el panorama.
La historia cuenta que Eva Perón se indignó con Ivanissevich cuando el médico, tras la operación, le sugirió realizarse otro acto quirúrgico pero ahora en el útero para eliminar el problema detectado, a lo cual la vehemente titular de la fundación que llevaba su nombre lo increpó acusándolo de ser parte de quienes la querían ver alejada de la política.
Veintiún meses después el cuadro de Eva Duarte se complicó y mucho por lo que el reconocido ginecólogo Jorge Albertelli fue convocado para hacerse cargo del caso. El panorama era el peor y el único camino posible pasaba por una operación aunque el pronóstico lejos estaba de ser alentador.
Pero cuando todo se encaminaba a que ese procedimiento lo iba a llevar a cabo Albertelli, Juan Perón en su carácter de esposo de la paciente consideró que si el problema de Evita era grande entonces tenía que operarla un médico de gran valía. Fue así que con el consentimiento de Albertelli convocaron al cirujano estadounidense George Pack.
El médico norteamericano tenía fama mundial y se desempeñaba como cirujano y patólogo del Memorial Sloan-Kettering Cáncer Center de Nueva York. Lo singular es que vino dos veces al país envuelto en un secreto de estado: la primera para confirmar con un estudio el diagnóstico conocido y la segunda para operar a Eva. La esposa de Perón jamás se enteró que ambos procedimientos fueron realizados por Pack.
En las dos intervenciones, la biopsia y la operación, ésta última realizada el 6 de noviembre de 1951, Eva fue anestesiada antes de ingresar al quirófano del hospital Presidente Perón, en Avellaneda, y en todos los casos siempre creyó que el encargado de concretarlas fue Albertelli. Sin embargo, 262 días después, el cáncer impiadoso derrotaba a una mujer extraordinaria.
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