“Cuando bajé la foto a la PC noté bien la figura y cuando consulté con sacerdotes de Escobar, me dijeron que era un fantasma”, precisó Eloy Burgueño.
Por SEBASTIAN ARANGUREN
La aparición de un supuesto fantasma en un castillo donde funciona la Asociación Argentina de Polo, en Pilar, y que fue captado por la cámara de un fotógrafo quien no fue consciente de la captura de la anomalía hasta poco después de hacer la toma, convulsionó a los vecinos del distrito para quienes el extraño episodio registrado lejos está de ser el único enmarcado en esas características que ha ocurrido en el lugar.
El hecho de ribetes paranormales caló hondo entre los pilarenses y según trascendió posteriormente, empleados y transeúntes habituales del terreno donde se levanta una imponente edificación de principios del Siglo XX conocida como el castillo Pando Carabassa, dieron testimonio de otras manifestaciones inexplicables que se suman ahora al misterio fotografiado.
El caso del que dio amplia cobertura El Diario Regional de Pilar, estalló la semana pasada aunque en rigor la figura espectral fue registrada a mediados de setiembre por un joven aficionado a la fotografía quien, cuando vio la imagen esfumada que aparecía en un plano bajo y secundario de la toma, trató de constatar qué era el elemento extraño que surgía de la escena retratada.
El protagonista de “carne y hueso” de esta historia es Eloy Burgueño, un joven que una tarde de setiembre decidió ir a hacer tomas en la zona del castillo y una de ellas fue la que dio lugar a que entendidos en el tema fotográfico certificaran que la foto tomada no era producto de ningún desperfecto técnico de la cámara ni tampoco de una aberración lumínica.
Burgueño no podía dar crédito a lo que mostraba la imagen que había captado, sin haber visto en el momento de hacer el encuadre respectivo que había algo singular y llamativo en la escena. De hecho profesionales de la fotografía que fueron consultados por el joven también aseguraron que la toma no daba lugar a segundas interpretaciones, es decir que no era trucada.
Por si no bastara el criterio del ojo profesional, otros especialistas en la materia hicieron algo más en procura de esclarecer las dudas de Burgueño: sometieron la foto a programas especiales de computación que corroboraron todos los planteos anteriores que precisaron que la foto no presentaba adulteración de ningún tipo.
Una figura abajo
¿Pero es lo que muestra la imagen? En un plano bajo que tiene el fondo del castillo, se ve lo que bien puede describirse como una figura humana, alta y corpulenta, como si estuviese apoyada sobre una de las paredes de la construcción y al costado de unos arbustos.
La presencia no tiene mucha definición pero si se compara las medidas de la construcción, refleja la imagen de un hombre de aproximadamente un metro ochenta, robusto y ataviado con ropas que se aprecian mucho más si la imagen es en colores.
La búsqueda del fotógrafo incluyó un contacto con miembros de la iglesia católica de Escobar quienes desde su entender y formación religiosa afirmaron que la anomalía registrada por Burgueño era, sin duda alguna, un fantasma.
Cuando El Diario Regional de Pilar publicó la información respectiva, otros testimonios subidos en algunos casos a internet pusieron más aun en valor el misterio en el castillo. Es que en la zona del castillo más de una vez ocurrieron situaciones singulares.
Golpes en la madrugada
Ex trabajadores del lugar relataron, por ejemplo, lo que solía suceder entre la medianoche y las cinco de la mañana, con una serie de extraños golpes sobre el tanque de agua instalado en el techo de la edificación que se sucedían a lo largo de toda la noche.
Una de las versiones que por ejemplo fue publicada en el sitio pilardiario.com cita el testimonio de un joven que recordaba precisamente ese episodio del tanque, que se iniciaba a poco que el reloj marcara las 12 de la noche sin que hubiera una razón aparente para que eso ocurriera.
Las veces que alguien se animó a subir hasta el techo y revisar si había algo fuera de lugar en el tanque, significaron ascensos frustrados durante los cuales los sonidos cesaban, para reiniciarse rítmicos e intensos cuando ya nadie quedaba en las alturas del castillo.
El mismo portal publicó el comentario de una forista que se identificó con el nombre de Tamara, que sin dar mayores detalles recordó que cuando trabajaba en el restaurante del castillo “siempre algo pasaba”, en alusión a hechos de difícil explicación racional y que tornaba “escalofriante” -dijo- el hecho de permanecer en el lugar.
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