Nahuel Díaz asiste a una escuela de un paraje rural de
Misiones y hoy finaliza sus estudios con éxito por lo que pasará a
cuarto grado.
Nahuel Díaz es el único alumno de una escuela de un paraje rural de Misiones y hoy finaliza sus estudios con éxito por lo que pasará a cuarto grado.
El ciclo lectivo 2012 lo encontró como el único estudiante de la Escuela 928 barrio Los Tungales de la localidad de Santiago de Liniers, ubicada a 220 kilómetros de Posadas. Se trata de una zona de producción yerbatera que históricamente tuvo una escasa matrícula. Pero este año tuvo un sólo un inscripto.
“No tengo hermanos, tampoco tengo compañeros de grado, ni de otros grados. Estoy solo en la escuela. Hasta el año pasado tenía algunos compañeros, pero este año cuando empezaron las clases vine yo solo y todo el año estuve solo”, cuenta Nahuel que, aún con timidez, expresa su felicidad por pasar de grado.
Su maestro, Víctor Rubén Barúa, está orgulloso de su pupilo y remarca que “durante este año no faltó nunca a clases”, en el turno tarde. A lo largo del año, el chico se encargó de izar y arrear en los mástiles de la escuela las banderas Argentina y de Misiones.
Siempre solo
Durante el recreo siempre jugó solo. “Acá funcionamos como una escuela normal. Es decir que el chico tiene su tiempo de estudio y su tiempo de recreo”, acota Víctor en declaraciones por al portal Misionesonline.
Con la crisis económica de la década del ‘90, muchos productores yerbateros de la región vendieron sus tierras y abandonaron la zona. Fue así que el establecimiento fue perdiendo su matrícula. En el 2009 la Escuela 928 contaba con 13 alumnos pero el año pasado se redujo a 4.
“Los padres de estos chicos no es que se mudaron sino que están en condiciones de llevar a diario a sus hijos en camioneta a la otra escuela más próxima, ubicada a unos 10 kilómetros”, agrega el docente, que recorre en su moto 25 kilómetros para venir a dar clase.
Nunca faltó
En tanto, Nahuel reconoce con orgullo que “nunca falté, porque quiero aprender. Me gusta matemática. En el recreo juego con el maestro o, cuando él no puede lo hago solo o con los jueguitos del celular del maestro”.
Pero admite que “me gustaría tener amigos en la escuela y en el barrio donde vivo pero no hay chicos. Cuando estoy en mi casa lo ayudo a mi papá o ando a caballo”. Contento por haber aprobado tercer grado, espera poder seguir con sus estudios en el mismo lugar.
“Espero que la escuela no se cierre el año que viene”, concluye.
Su madre, Marisela, ayuda en la limpieza del establecimiento. “Queremos que nuestro hijo estudie.
Y, para ello necesitamos que la escuela siga abierta porque no tenemos la posibilidad de enviarlo a otra escuela”, enfatiza
comentar