¡Tiempo loco! La vieja exclamación se ha puesto de moda otra vez en las costas argentinas. Y si no, que lo digan los turistas que ayer vivieron, cogoteando el cielo, una jornada cargada de indefiniciones y cambios climáticos.
Casi todas las páginas de pronósticos habían anunciado un viernes cargado de lluvias y tormentas eléctricas; de hecho, así se presentó la mañana: gris, con lloviznas, cielo encapotado y pocas perspectivas de que la cosa mejorara.
Una buena noticia para los remolones que se quedaron un rato más en la cama, enterados de que no había apuro para preparar los bolsos; pero a media mañana, allá por las 10.30, las nubes se empezaron a disipar y el cielo se abrió. De a poco, el calor empezó a crecer y los que habían desistido de sus planes de playa, observaron el horizonte y volvieron a cambiaron su hoja de ruta.
Al mediodía, Mar del Plata brillaba con toda la fuerza del sol de enero y un cielo celeste por donde se lo mirara. Igual, muchos desconfiaban, porque seguían los anuncios de chaparrones para la tarde; sin embargo, a las 14 el calor reinaba y el cielo se mantenía impecable. Nadie más se quedó en casa dudando y esos que prefirieron almorzar antes de decidir su destino, tomaron las sillitas, las sombrillas y los toallones y la ciudad se vio invadida por una peregrinación -de a pie y en auto- hacia los distintos balnearios.
El termómetro llegó más allá de los 30 grados y las playas desbordaron de gente, mucho más cargadas que un día antes, cuando muchos prefirieron salidas alternativas, desorientados por las pocas garantías de un día que no tuvo lluvias y ofreció ratos de sol espectaculares.
Pero después de las 15, desde el sur empezaron a asomar gruesos nubarrones. Uno de ellos, el más cargado de furia, se fue deslizando mar adentro donde dejó en claro (por el dibujo que la luz hacía en jirones verticales) que un diluvio se desataba sobre el océano. Unos minutos después, el otro frente, se instaló sobre la zona costera y, tras un par de truenos sonoros que sucedieron a sendas descargas eléctricas lejanas, la lluvia dijo presente.
Fue un chaparrón intenso aunque sin merma en la temperatura; la gente abandonó el mar y las zonas despobladas de arena. Se izaron las banderas roja (prohibición de baño) y negra con un rayo blanco (tormenta eléctrica) y pareció caer el telón al día de playa. Sin embargo, en medio del chaparrón el viento rotó y, también desde el sur, el cielo volvió a ponerse celeste. Los nubarrones se mantuvieron un rato sobre el centro marplatense, pero, al mismo tiempo, sobre las playas del sur volvía a brillar el sol.
La familia Fernández, de Bolívar, ser sorprendió con el abrupto cambio que presentó el día media hora después. "Estábamos en Punta Mogotes -contó Santiago- y junto a Martín, Ana y Juan Francisco, nos tuvimos que meter adentro de la carpa para soportar la lluvia. Y de repente, empezó a salir el sol. La gente los festejó como un gol de la Selección Argentina y todos empezaron a aplaudir. Fue una situación rara". Además, Ana agregó sorprendida: "En un momento brillaba el sol y seguía lloviendo a cántaros, porque el viento hacía que las gotas cayeran en forma oblicua. Por suerte se armó de nuevo la tarde y pudimos acomodarnos de nuevo para jugar al diez mil...".
Hubo un rato de calma; el viento paró y las nubes quedaron posadas sobre el sector norte de la ciudad, mientras que en el sur brillaba el sol a pleno. La gente -los que no habían huido despavoridos- regresaron al nuevo paisaje, con arenas húmedas, que ofrecía la playa. El ambiente se hizo apto para el fútbol y el tejo, y también para regresar al mar que presentaba una temperatura ideal para refrescarse.
Sin embargo, la calma chicha obligaba a seguir atentos. "Esas nubes que estás allá -decía Cecilia mirando el norte- pueden regresar". Mientras que Cristian, de Tigre, estaba más preocupado por el frente oscuro que se había formado otra vez del lado del sur: "Se está armando otra tormenta", advirtió, pero enseguida se encogió de hombros: "No es nada, el día ya zafó... estuvo buenísimo". Así está el tiempo, loco, como decía la abuela.
comentar