Algunas a bordo del buque argentino Irízar, otras en una suerte de hospital ambulante en la ciudad patagónica de
Comodoro Rivadavia, y otras en centros militares, la edad de las decenas de mujeres que participaron en la guerra oscilaba los 25 años y, en algunos casos, los 15.
"El rol fundamental de estas mujeres, además de la parte médica, era la contención afectiva a los soldados, que volvían con frío, con hambre -porque no les daban de comer-
golpeados, amputados o quemados", explica la escritora. "Cuando estas chicas volvieron a sus hogares, en diferentes puntos del país, nunca mas hablaron, estaban en estado de bloqueo", asegura Panero, quien resalta que "ellas sabían que no tenían que hablar ni durante ni después de la guerra, y ni siquiera se les permitía llorar".
El conflicto bélico representó durante mucho tiempo para estas mujeres "un hecho avergonzante porque se las vinculaba a la dictadura", según describe la autora.
En su libro, Panero comparte historias como la de
Alicia Reynoso, una ex enfermera que, luego de haber sufrido un accidente cerebrovascular en 2010, mencionó a su terapeuta la estaba "pasando tan mal como en la guerra" y se abrió a hablar de lo que había callado tantos años.
A pesar de haber prestado servicio y vivido la crudeza del conflicto en primera persona, estas varias decenas de mujeres no fueron reconocidas socialmente por su labor, no reciben pensión ni fueron incluidas en la ley que reconoce a los veteranos y los caídos de la guerra de las Malvinas.
"En la ley argentina, sólo es considerado veterano de guerra el que estuvo dentro de cierto perímetro de las islas y ellas no entran en esta categoría", explicó Panero, quien aclara que sólo una de ellas, Liliana Collino, pisó el archipiélago según los registros y recibe pensión, pero la mujer prefiere "no volver a hablar del tema".
En tanto, las que sirvieron en los centros de la Fuerza Aérea son reconocidas simbólicamente como "veteranas" por esta institución, pero en los hechos no reciben la pensión vitalicia otorgada a los militares y civiles que estuvieron en el teatro de operaciones.
"Recién 30 años después del conflicto,
el Congreso mandó una medalla a estas mujeres y se las invito por primera vez a participar de un desfile", cuenta la investigadora.
"Son las únicas veteranas de guerra en Latinoamérica, dieron todo y, sin embargo, siguen viviendo en el silencio, el olvido, en el 'no existís'", afirma Panero.
Sin embargo, que algunas de ellas hayan contado en los últimos años sus experiencias, motivó, según la escritora, a otras muchas veteranas para animarse a hablar del tema "y se dieron cuenta de que a ellas también les corresponde un lugar en la historia".
A partir de la lectura del libro de Panero,
Hilda Aguirre de Soria, senadora por la provincia de La Rioja (oeste), redactó un proyecto para que se reconozca a las veteranas y se les otorgue el derecho a una pensión vitalicia.
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