El animal, que está en peligro de extinción, nació recientemente en el bioparque Temaikèn. La especie es fundamental para la realización de estudios biomédicos en relación con la osteoporosis humana

Un pudú, más conocido como el ciervo más pequeño del mundo, que está en peligro de extinción, nació recientemente en el bioparque Temaikèn, en Escobar.

La especie integra la biodiversidad de nuestra fauna de los bosques patagónicos y tiene un valor muy importante de conservación porque es una especie endémica, es decir sólo habita en el sur de Chile y Argentina.

Además se encuentra en estado vulnerable según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), debido a la caza y la tala indiscriminada de los bosques.

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"El período de gestación fue de 7 meses y apenas pudimos pesarlo, al segundo día de su nacimiento, ya superaba el kilo. Normalmente al nacer, estos animales alcanzan los 900 gramos", comenta satisfecho Alexis Inchazu, cuidador de Fundación Temaikèn.

La conservación del pudú es fundamental para preservar la biodiversidad del planeta, pero también para la realización de estudios biomédicos en relación con la osteoporosis humana.

Esto se debe a su pool genético y a que la estructura ósea de sus astas pasan por los mismos estados de crecimiento, maduración (mineralización) y degeneración ósea (osteoporosis) que los huesos del ser humano.

Los visitantes podrán verlo dar sus primeros pasos en Temaikèn.

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