Cada 1 de agosto se impone la necesidad de reverenciar a la base de nuestro sustento: la Madre Tierra. A la vez, una copita de amargo sabor y con una planta poco común adentro de la botella se hace presente para enfrentar a los maleficios

1 de agosto. No es una fecha patria. Tampoco un día de grandes acontecimientos históricos. En el primer día del octavo mes del año es cuando se venera a la Gran Madre Tierra y se toma una copita de caña con ruda para alejar los males, tener buena suerte y salud para sí mismo y los suyos.

La Pachamama, como se la conoce en estas latitudes, tiene su rito propio que se impone en esta fecha. En el norte andino el ritual consiste en cavar un hoyo donde se mete una olla de barro con comida, pan y dulces, espigas de choclo, una botella de chicha o aguardiente o hasta un pedazo de carne.

Mientras esta tradición se mantiene, en paralelo hay una costumbre que resiste al paso del tiempo como los grandes cerros del norte: tomar caña con ruda.

Siete sorbos cortos y uno bien largo. La ruda, macho. La caña, la mejor. En la antigüedad se tomaba esa bebida -la cual fue mutando con la llegada de los europeos- para espantar las enfermedades del invierno. Los chamanes la preparaban con especial dedicación durante meses. No sólo la bebían los hombres, sino también los animales.

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