Romina Atencio es coach y mentora de mujeres y parejas. Para cualquier consulta, comunicarse al correo electrónico [email protected]. Instagram: @diosalmica. YouTube: @rominaatenciocoaching.
El sábado pasado profundizamos en las dos primeras áreas del Ikigai: lo que amas y en lo que eres bueno. Hoy quiero invitarte a dar un paso más en este camino y explorar las otras dos áreas que terminan de darle forma a tu propósito: lo que el mundo necesita y por lo que podrían pagarte.
Porque si las primeras dos áreas tienen que ver con tu mundo interno -con tu deseo, tu disfrute, tus talentos-, estas dos últimas nos invitan a salir hacia afuera. A vincularnos con el entorno, con los otros, con la realidad en la que vivimos.
Y acá es donde muchas veces algo se ordena. Porque no se trata sólo de hacer lo que amás o de reconocer en qué eres bueno. Se trata también de comprender cómo eso puede impactar en el mundo y cómo puede sostenerse en el tiempo.
La tercera área del Ikigai es: lo que el mundo necesita. Y quiero que te detengas un momento acá, porque esta pregunta no se responde desde la cabeza, sino desde algo mucho más profundo. No se trata de pensar “qué estaría bien hacer” o “qué debería necesitar el mundo”.
Tal vez sientes que falta más amor. Más empatía. Más escucha. Más conciencia. Más humanidad. Más educación emocional. Más conexión con la naturaleza. Más presencia. Más verdad.
Tal vez te duele ver personas solas, agotadas, desconectadas, ansiosas. Tal vez te moviliza la injusticia, la falta de oportunidades, la violencia, el maltrato, la desconexión espiritual, la forma en la que nos relacionamos. Y todo eso que te pasa... no es casual. Muchas veces, aquello que más nos duele del mundo está directamente relacionado con lo que vinimos a transformar.
Porque solemos tener una sensibilidad especial hacia aquello que, de alguna manera, también nos atravesó. Por eso, el primer ejercicio que quiero proponerte es este: hacé una lista de todo aquello que sentís que falta en el mundo. Pero no lo pienses en términos globales o abstractos. Bajalo a tu realidad.
Escribí sin filtro. Y observá qué aparece. Porque ahí hay pistas muy importantes.
Otro ejercicio muy poderoso es recordar momentos en los que sentiste que hiciste una diferencia. No importa si fue algo “grande” o “pequeño”. Tal vez fue escuchar a alguien en un momento difícil. Acompañar. Contener. Enseñar. Ayudar. Inspirar. Resolver algo importante. Estar presente.
¿Cómo te sentiste en ese momento? ¿Qué estabas haciendo? ¿Qué parte tuya apareció ahí?
Muchas veces, nuestro propósito no tiene que ver con algo que todavía no hicimos, sino con algo que ya hacemos... pero que no estamos viendo como valioso.
La cuarta área del Ikigai es: por lo que podrían pagarte. Y acá aparece uno de los grandes desafíos. Porque durante mucho tiempo nos enseñaron a separar el dinero del disfrute. Como si trabajar tuviera que ser necesariamente sacrificado, pesado, exigente. Y como si hacer lo que amas no pudiera sostenerte económicamente.
Pero el Ikigai viene a romper con esa idea. No se trata de romantizar el dinero, ni de convertir todo en negocio. Se trata de encontrar una forma de intercambio.
Porque cuando hacés algo que amás, en lo que eres bueno y que además aporta valor a otros, es completamente natural que eso pueda ser remunerado.
El problema es que muchas veces no nos animamos a verlo. O creemos que “eso no es trabajo”. O sentimos culpa por cobrar. O pensamos que nadie pagaría por eso.
Por eso, el ejercicio acá es abrir la mente. Hacé una lista de todas las formas en las que podrías monetizar aquello que aparece en tus otras listas.
Tal vez amás escuchar, eres bueno acompañando y sientes que el mundo necesita más contención emocional. ¿Podrías ofrecer sesiones, mentorías, espacios de escucha?
Tal vez amás la alimentación saludable, eres bueno investigando y sientes que el mundo necesita más conciencia en este tema. ¿Podrías crear contenido, asesorar, enseñar, vender productos?
Tal vez amás escribir, eres bueno comunicando y sientes que el mundo necesita más mensajes reales. ¿Podrías escribir, crear un blog, un libro, contenido, talleres? No se trata de que tengas todo resuelto hoy.
Se trata de empezar a ver posibilidades. También es importante entender que no todo tiene que ser inmediato.
Tu Ikigai puede empezar como algo pequeño. Como un proyecto paralelo. Como un espacio propio. Como un primer paso.
No necesitás dejar todo para empezar. Necesitás empezar. Aunque sea de a poco. Aunque sea imperfecto.
Porque el propósito no aparece solamente pensando. Aparece haciendo. Y quiero decirte algo importante: no siempre estas cuatro áreas se alinean de manera perfecta y automática.
Romina Atencio
A veces primero conectás con lo que amás. Después reconocés en qué sos bueno. Luego descubrís cómo eso puede ayudar a otros. Y recién después encontrás la forma de monetizarlo. Y está bien que sea así. No hay apuro. Lo importante es no desconectarte de vos en el camino.
Porque el verdadero sentido no está sólo en el resultado final. Está en el proceso de volver a encontrarte. De empezar a vivir con más coherencia. De tomar decisiones más alineadas con quien realmente eres. De dejar de hacer por obligación y empezar a elegir desde un lugar más consciente.
Cuando empezás a unir estas cuatro áreas, algo cambia. Tal vez no cambia todo de un día para el otro.
Pero cambia tu forma de mirar tu vida. Empiezas a ver oportunidades donde antes no las veías. Empiezas a valorarte más. Empiezas a confiar en lo que sientes. Empiezas a permitirte soñar de nuevo. Y eso, aunque parezca pequeño, es enorme.
Porque una persona conectada con su propósito no es una persona perfecta. Es una persona en camino. Una persona que se escucha. Que se respeta. Que se anima a ser quien es. Y que, desde ese lugar, puede aportar algo genuino al mundo.
Te invito a que te des el tiempo para hacer estos ejercicios. Sin presión. Sin exigencia. Sin necesidad de llegar a una conclusión inmediata. Simplemente como una forma de acercarte a vos.
Porque quizás tu Ikigai no es algo que tengas que salir a buscar. Quizás es algo que ya está en vos... esperando que te detengas a mirarlo. ¡Hasta el próximo sábado!
comentar