"Fue terrible el inicio porque teníamos que
trabajar limpiando la mugre de décadas. Nos dieron
unas botas hasta la cintura para poder trabajar. Al
principio sacábamos tres o más contenedores de
basura por día. Todo el trabajo se hace a mano, sin
máquinas, llenando todo en bolsas y en las
carretillas", contó Miguel Farías, de la
Federación de Cooperativas de Trabajo Padre
Mugica.
El trabajo de sanear y limpiar la
Cuenca Matanza – Riachuelo comenzó en 2009 de
la mano de más de 130 trabajadores organizados en 13
grupos cooperativos integrados en esa federación, que
a su vez está asociada a la Confederación
Nacional de Cooperativas de Trabajo CNCT).
La limpieza apunta a mejorar las
condiciones habitacionales de unas 1400 familias, 5 mil
personas en total, que viven en la villa 21-24 de la Ciudad
de Buenos Aires.
La federación lleva adelante
las tareas que desde hace cinco años fueron
requeridas al gobierno porteño por parte de la Corte
Suprema a través del fallo Mendoza, que ordenó
una serie de medidas con el fin de reforzar la
ejecución del plan de saneamiento. "Sin embargo, el
pronunciamiento judicial tiene muy pocos avances concretos y
los vecinos de la Villa 21-24 y otros barrios esperan que el
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires los relocalice",
apuntó la CNCT.
Sobre los trabajos, el secretario de
la cooperativa Cristo Obrero, Juan de la Cruz Vilca,
evidenció que a la complejidad de la limpieza se suma
la falta de concientización de los vecinos. "El trabajo es variado porque
nos movemos por distintos lugares y el más pesado
está en las zonas de las vías de trenes, donde
los fines de semana se acumula mucha basura. Los lunes son
terribles, falta concientización de los vecinos y la
ayuda estatal para mantener la limpieza. Hay cooperativas
que se encargan de la recolección de basura
domiciliaria, pero falta que los vecinos también
ayuden", subrayó.
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