Precursor en el desarrollo del diseño de software en Argentina, Blas Briceño intenta, desde su propia empresa, conjugar la tecnología con su gran pasión por el arte y la cultura a través de actividades que integren ambos mundos.

A quienes creen que la tecnología y el arte van por carriles inevitablemente separados, les recomendaremos que se pongan en contacto con Blas Briceño, especialista en desarrollo de sistemas de software, creador de una empresa relacionada con esa área, y al mismo tiempo lector empedernido de autores como James Joyce y promotor de actividades teatrales y culturales dentro del ámbito independiente.

Nacido en Concordia, provincia de Entre Ríos, hace 52 años, y ciudadano porteño desde la adolescencia, cuando vino a estudiar a Buenos Aires luego del secundario, Blas tiene dos hijos, de 18 y 6 años, y por estas horas disfruta del flamante torneo obtenido por Boca, el club de sus amores.

Pero si hay algo en lo que su corazón puede repartirse sin complejos es en su gusto por todo lo que tiene que ver con los servicios de diseño de software y su pasión por el teatro esencialmente, y por el arte en general, donde viene impulsando una serie de iniciativas desde hace bastante tiempo.

Según nos cuenta Blas, “estudié la carrera de Licenciatura en Ciencias de la Computación en la UBA, justo cuando esa disciplina estaba en plena ebullición. Y aunque terminé mis estudios gracias a una beca, recién rendí la tesis a la vuelta de un viaje que hice por Europa durante seis meses, y que me ayudó a ver otras realidades”.

Por ese entonces, Blas generó un pequeño emprendimiento junto a compañeros de estudio al que denominaron Mate Computación Argentina, que enfocaron hacia el software de negocios, proyecto al que le dio prioridad por sobre un trabajo que tenía en una consultora.

La Pyme que integraba se dedicó a ofrecer diseños de negocios a bancos y corporaciones, pero en algún momento Blas sintió la necesidad de ir por otros rumbos, entre otras cosas porque desde lo estructural les resultaba complicado mantener cierta rentabilidad. “Nos faltó un poco de conciencia para poder desarrollar productos para una oferta continua, no era fácil”, asegura.

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A partir de 1992, Blas empezó sus estudios de Letras, y ya sentía su interés dividido. Explica que “la consultora no daba ni era viable, siguieron mis socios, y yo logré armar mi propio proyecto, que se llamó Finnegans, por el nombre de un libro de Joyce, empresa con la que hace poco celebré 25 años y en pleno crecimiento”.

Miembro de la Cámara de Empresas de Software, y participante en proyectos varios de la Fundación Sadosky, Blas explica que “hice foco en emprendimientos más pequeños, - señala- y de a poco nos acercamos al área del agro y las constructoras, para darles nuestros servicios. Fue un camino muy largo y duro, yo todavía estaba solo, pero el modelo maduró y pude avanzar”.

Así, Blas consiguió en unos años llegar con sus servicios hasta una firma agrícola de Australia. Actualmente, la empresa que conduce cuenta con 120 profesionales, pudo ampliar su mercado a unos 1600 clientes con una propuesta de valor a soluciones más especializadas, y llegar no solo a varias provincias argentinas sino también a países de América Latina, desde Uruguay hasta México, pasando por Dominicana, Perú y Costa Rica, entre otros.

Si bien Blas no terminó sus estudios de Letras, reconoce que “siempre tuve una tensión entre las humanidades y la técnica, una tensión que nunca terminé de resolver, por eso pensé en ser dramaturgo, y luego empecé teatro, estudié con Pompeyo Audivert, un verdadero maestro, y con Federico León y Guillermo Cacace, entre otros, y así logré hacer una pequeña carrera en el teatro independiente”.

Proyecto en su ciudad natal

Dueño de una productora que denominó Haydrama, y admirador de figuras como Daniel Veronese y Rafael Spregelburd, Blas actuó en la obra “Buenos Aires Invisible” en el Centro Konex, y en otras piezas del teatro independiente. Aparte, organizó festivales de teatro en salas de Capital y el Gran Buenos Aires, pero actualmente siente la necesidad de una mayor vinculación con la escritura, y acercarse a “una intersección entre el arte, la educación y la tecnología”.

En línea con esta inquietud, Blas Briceño cuenta que trabaja en un proyecto en su ciudad natal. “A Concordia quería volver de alguna forma, y elegí tratar de ayudar a la comunidad y al ecosistema de la región, y encontrar herramientas que ayuden al desarrollo y la producción de tecnología”. Detalla que “falta unidad entre la universidad y la industria, por eso suscribimos un convenio con la Universidad de Entre Ríos creando un curso para 25 alumnos avanzados, y apostamos a la continuidad, para que se extienda hasta 2019. La idea es cambiar el desarrollo, no es un trabajo de negocio, sino un deseo más comunitario”.

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De la siembra de hongos a festivales isleños

A fines de la década pasada, Blas Briceño compró junto a un amigo una isla en el Tigre, llamada Lagunita, para generar un proyecto para la siembra de hongos. Cuenta que “en cuatro meses logramos una buena producción, pero pese al éxito inicial, las cosas no salieron como pensábamos y debimos cambiar de rumbo, y así nacieron los festivales Isleños”.

La primera edición del festival se realizó en 2008, y contó con la colaboración de Pompeyo Audivert. La convocatoria sumó a unos 30 artistas, y se presentaron varias obras de teatro y otras producciones artísticas, a lo largo de las 6 hectáreas.

Blas señala que “yo quería actuar y también promover a artistas jóvenes, y producciones nuevas. El festival llegó a tener 500 participantes en un año, en general lo hacíamos en noviembre, y duraban todo un día. Había actividades como yoga, canto, danza, pintura para niños, talleres y obras, tocaron músicos como Diego Frenkel, Diego Starosta, y actuaron Susana Pampín, Analía Couceiro y el grupo Blabla entre otros”.

El objetivo, según Blas, era “acercar a los isleños a las expresiones culturales, y entre los vecinos siempre era muy esperado, se enganchaban con las propuestas y la pasaban bien, había desde plástica y música hasta teatro, danza, instalaciones y charlas.

Cuenta que “este año el festival se transformará en una síntesis entre lo tecnológico y lo artístico, lo haremos en el auditorio de nuestra empresa y habrá una semana de arte digital, propuestas, música y teatro y arte digital”.

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