Hacemos un repaso de los eventos que sucedieron hace 100 años en la ciudad parisina y que transformaron para siempre la historia moderna europea y del mundo

Hoy, 28 de junio, se cumplen 100 años del Tratado de Versalles, el cual puso fin a la Primera Guerra Mundial y cuyas condiciones allanaron el terreno en Alemaniapara el ascenso al poder de Adolf Hitler y la ultraderecha nazi una década más tarde.

Ese día, a las 15:50hs, una salva de artillería resonó entre las paredes del Salón de los Espejos del Palacio de Versalles. El anuncio comenzaba a dar la vuelta al mundo: los Aliados y el Imperio Alemán le habían puesto fin a la Primera Guerra Mundial.

Lo sucedido en esa habitación acabó reconfigurando el mapa político europeo del Siglo XX: su impacto provocó transformaciones inimaginables que se extendieron mucho más allá de las fronteras de los países firmantes y sus reverberancias se sienten hasta el día de hoy.

Las negociaciones no fueron fáciles: en un contexto en el que Europa se veía sacudida por revoluciones con cada vez más frecuencia, los Aliados prefirieron marginar al Imperio Alemán de las negociaciones e imponerle un "diktat", el cual fue presentado ante las autoridades alemanas el 17 de junio, dándoles 5 días para firmarlo.

El 22, los representantes teutones, derrotados, se presentaron en la Galería de los Espejos en silencio y firmaron el documento, ante las 27 delegaciones representantes de 32 potencias.

El tratado impuso condiciones humillantes para los alemanes: la obligación de ceder las regiones de Alsacia-Lorena y Sarre a Francia, Danzig a Polonia (creando el corredor Polaco) y sus colonias en África, Asia y Oceanía. Además, fueron obligados a reducir su ejército a sólo 100.000 soldados, suprimir el servicio militar y pagar "reparaciones" a sus enemigos, destruyendo su potencial económico, industrial y agrícola.

De la algarabía, a sufrir las consecuencias

Firmantes tratado de Versalles

El día de la firma, Francia estaba de fiesta. Las crónicas de la época relatan escenas de alegría y jolgorio en las calles parisinas: "Los cafés están rebosantes de gente. Muchos clientes entonan cantos patrióticos y el público corea los estribillos". Soldados y curiosos se acercaban al palacio para aclamar a los héroes del día: el francés Georges Clemenceau, el británico Lloyd George, y el estadounidense Woodrow Wilson, proclamado como nuevo líder del mundo civilizado.

"La paz de derecho esta firmada. Ayer en Versalles, 1919 borró 1871", tituló un día después Le Petit Journal, que consideraba que los alemanes "firmaron el reconocimiento de sus crímenes contra la civilización".

El pacto, sin embargo, creó nuevos problemas para las ya castigadas minorías del este de Europa, consagró el principio de autodeterminación de los pueblos y allanó el terreno para la irrupción del fascismo y los nacionalismos.

Por otro lado, la incapacidad alemana de cumplir con sus obligaciones, sumado al estallido de nuevos conflictos internacionales, acabaron por debilitar institucionalmente a la Sociedad de Naciones, la antecesora de la ONU creada para sentar las bases de una paz mundial duradera.

El destino de Alemania

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Si bien el país atravesaría profundas reformas que acabarían con la conformación de la famosa y malograda República de Weimar, nada pudo impedir las vejaciones impuestas en el tratado.

En 1923, por ejemplo, ante la incapacidad del gobierno de cumplir con sus acreedores, el país fue ocupado en el Ruhr, su región más productiva, por el ejército francés. Una manera de "cobrarse" a la fuerza lo adeudado en reparaciones.

Alemania así debió recurrir a la emisión monetaria para pagar sus deudas, devaluando cada vez más su moneda y generando una hiperinflación galopante que sumiría a millones de sus ciudadanos en la miseria, algo que la crisis económica de 1927 no hizo más que agudizar.

Este contexto fue usado por la ultraderecha alemana para acceder al poder, argumentando que el país había sido "esclavizado" por los aliados y que el régimen democrático de Weimar era cómplice al cumplir las condiciones usurarias del mismo.

Tal es así que, sólo 10 años más tarde, un joven pintor llamado Adolf Hitler se erigía al poder en Alemania prometiendo devolverle la dignidad al país y construir un nuevo orden que pueda vengar la humillación a la que fueron sometidos tras la derrota en la Primera Guerra Mundial.

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