Dave Aspinall, de 48 años, no puede decir que su cambio de cigarrillos de fieltro por el electrónico haya sido saludable. Y no es para menos ya que este inglés de 48 años estuvo a punto de perder la vida tras la explosión de su dispositivo.
Según relató Aspinall, él se encontraba en su casa, de pie y sosteniendo el cigarrillo electrónico en su mano cuando el mismo comenzó a sobrecalentarse, lo que lo obligó a soltarlo para que no le queme la mano. Sin embargo, cuando el dispositivo se encontraba a la altura de sus piernas, explotó, ocasionándole terribles heridas en la zona baja de su cuerpo.
Tras la explosión, la víctima se las arregló para arrastrase, con pedazos de metal incrustados en sus piernas, hasta la casa de un vecino que llamó a los servicios de emergencias.
En el hospital donde lo atendieron, los médicos no podían creer que lo que veían pudiera haber sido ocasionado por un cigarrillo electrónico.
"Había mucha sangre, un enorme agujero en una pierna y una herida en la otra. Si lo hubiera tenido en su boca, le podría haber volado la cabeza", explicó uno de los cirujanos que le extrajeron a Aspinall las astillas de metal que se esparcieron por sus piernas y cuyos impactos se asemejaban a impactos de bala.
Pero no sólo su cuerpo resultó afectado, ya que Aspinall contó a la prensa que la explosión del cigarrillo electrónico casi quema su casa, además de haber arruinado varios muebles con los trozos de metal que salieron disparados en todas direcciones.
El local que le vendió el cigarrillo a Aspinall culpa a las baterías que usa el dispositivo, a las que calificó de "defectuosas". Sin embargo, trascendió que en agosto, un hombre de 62 años murió debido a la explosión de un artefacto similar.
Ante este panorama, Aspinall n tuvo más remedio que retomar su viejo hábito de fumar tabaco, lo que demostró ser mucho más seguro, al menos para él.
Las imágenes a continuación, pueden herir la sesibilidad de los lectores.
comentar