En medio de la pandemia, la respuesta positiva del país asiático, pese al gran costo económico, se replica en otros lugares, que reciben su ayuda en materia sanitaria, algo que le permite ganar terreno en el tablero internacional

A mediados de noviembre, cuando Chinaempezaba a sufrir los primeros casos del Coronavirus, nadie podía imaginar lo que iba a ocurrir cuatro meses después, con la explosión de una pandemia letal en el mundo. En ese entonces, todo se reducía a Wuhan, el epicentro de la enfermedad, donde el gobierno central debió implementar medidas drásticas de aislamiento, esas que actualmente son, en parte, las utilizadas por la mayoría de las naciones para intentar erradicar un nivel de contagio que se supera día a día.

Esa fórmula, que implicó confeccionar una burbuja tal que derivó en perdidas económicas siderales, con un freno en todos los ámbitos de la producción y las finanzas, posibilitó que, con el correr de las semanas, el gigante asiático vaya disminuyendo la cantidad de infectados hasta anular su propagación. Por eso, las pautas se fueron replicando en todo el globo, situación que está aprovechando la propia China, con aportes en varios frentes, en pos de cambiar la cara y erigirse, finalmente, en la principal potencia internacional, por encima de Estados Unidos, con quien afronta, desde siempre, pero más aún hace un puñado de años, una guerra comercial por el liderazgo global.

El presidente de EEUU, Donald Trump, no pierde oportunidad, en cada aparición pública, para indicar al Covid-19 como el "virus chino", en una señal clara de estigmatización. Pero, paradojas de la globalización, aquel mote que a principio de año amenazaba con hacer sucumbir a Pekin, pues, a las víctimas de la enfermedad se le sumaba todo el desbarajuste de su economía, hoy se modificó un poco y no son escasos los países que observan a China como elemento vital para encontrar una solución a sus propias dificultades, evidenciadas por las respectivas crisis internas que se generaron a medida que avanza la pandemia.

En ese sentido, Xi Jinping, el mandatario chino, saca rédito de ser eslabón principal en la lucha contra el Coronavirus y dispuso ayudas por doquier, especialmente con material sanitario, para cubrir ausencias que existen en otros lugares. Y un caso emblemático es Italia, donde la cantidad de fallecidos es escalofriante y aún no se halló el pico del contagio. Por eso, a partir del vínculo generado, en el marco de la denominada "nueva ruta de la seda", se habilitaron no sólo mascarillas y artefactos de necesidad para los centros médicos - actualmente colapsados por la gran demanda- sino también un número considerable de expertos para intentar frenar un brote que aún no tiene solución y asusta a todos.

Ese guiño, de buena voluntad, pretendiendo volcar el conocimiento adquirido en las semanas previas, tiene detrás un plafón político, y busca responder por duplicado: por un lado, recuperar cierta imagen en el plano interno, fundamentalmente después de un manejo inicial, en la apertura de la propagación, que estuvo lejos de lo requerido; y por el otro, tomar fuerza en el exterior, volviendo a escena tras el tropezón contundente, y con la expectativa de ganar terreno en bloques donde no estaba asentado, intentando romper los lazos que ya tenía confeccionados Estados Unidos.

La lógica se aplica mientras, por ejemplo, la Unión Europea se disgrega, y certifica que no encuentra manera de satisfacer las necesidades de sus miembros, que deben buscar opciones en otros lares. Es que todos en el Viejo Continente están aplicando el criterio de cerrar fronteras, evitar que llegue de afuera la enfermedad, y no estipula un régimen sanitario común para conseguir el objetivo de anular la enfermedad. Todos, a la deriva, pretenden, con sus propias herramientas, ahuyentar los temores. Y mientras, los números de contagios son exorbitantes.

Quien lo puso en palabras de forma elocuente fue el presidente de Serbia, Aleksandar Vucic, que despotrico contra la entidad supranacional, esa que la tiene en la lista para ingresar en los próximos años. ¿Qué resaltó? "La solidaridad europea no existe. Es puro cuento. Envié una carta. Y tenía grandes expectativas, pero no se cumplieron. Para la UE no somos los suficientemente buenos". Así es como apareció China, que aportó lo suyo y se ganó un aliado a futuro.

Esa situación, que se repite en distintas partes, genera preocupación en EEUU, justo donde se avecina una contienda electoral que supone como gran favorito al propio mandatario, que buscará un nuevo periodo de 4 años en la Casa Blanca. Pero, lo que se vislumbra difícil desde el arco opositor, con un Joe Biden que es el favorito de la interna democrata, aunque no tiene el peso específico necesario para desbancar a Trump, lo puede generar la pandemia: un cimbronazo en los resultados. Es que, de momento, se multiplican los casos en el país norteamericano, obligado a cerrar fronteras y cancelar viajes a Europa. Y eso se suma a la impericia del presidente, que no supo manejar la propagación, subestimando el panorama.

Esa incertidumbre que crece en Estados Unidos se hace eco en la población, algo que ya viene haciendo mella en Europa, con un colapso económico que es impredecible una vez que concluya la circulación del Coronavirus.

Mientras tanto, China parece salir airosa de ese desafío, que en un primer momento la hizo tambalear del tablero internacional pero que hoy, con más aplomo, puede erigirse como pilar central de un mundo nuevo que se avecina tras la pandemia.

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