Con el 98 por ciento de las mesas escrutadas, la candidata se quedó con la cuarta presidencia consecutiva del Partido de los Trabajadores. Rousseff alcanzó el 51,45%, ante el 48,55 de su rival, Aecio Neves.

Dilma Rousseff fue reelecta este domingo en las elecciones más reñidas desde la vuelta de la democracia en Brasil. La candidata del Partido de los Trabajadores (PT) se impuso con el 51,48 por ciento de los votos, ante el 48,52 de su rival socialdemócrata Aecio Neves, con el 98,29% de las mesas escrutadas.

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A pesar de que el resultado podría sufrir algunos resultados, el Tribunal Superior Electoral advirtió que no hay chances de un vuelco en el vencedor.

Durante los ocho años de gobierno del ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010) y los cuatro de la vencedora de este domingo, más de 40 millones de brasileños han salido de la pobreza e ingresado en la clase media gracias a subsidios para familias pobres, viviendas populares, enseñanza técnica gratuita y cuotas universitarias para negros y estudiantes de muy bajos ingresos.

Rousseff, de 66 años, fue sobre todo la opción de los electores del noreste del país, la zona más pobre que se benefició enormemente con estos programas.

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Neves, un ex gobernador y ex senador preferido por los mercados y con fama de playboy, que prometía frenar la corrupción y dar un giro liberal a la economía para que el país vuelva a crecer, conquistó los votos de las clases media y alta del sur que reclamaban un cambio, menos intervención del gobierno en la economía y el fin de la corrupción. Pero no le alcanzó para vencer.

Tras un crecimiento espectacular de 7,5% en 2010, durante el primer mandato de Rousseff la séptima economía mundial ha registrado un magro crecimiento y hasta se frenó en el primer semestre de 2014. A esto se suma una elevada inflación (6,75% en 12 meses, por encima del techo de la meta oficial), aunque el desempleo aún se mantiene muy bajo, en 4,9%.

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Corrupción en primer plano


El PT también ha sido cuestionado duramente por varios escándalos de corrupción, el último de ellos en la estatal Petrobras, la mayor empresa brasileña, donde fueron denunciados millonarios sobreprecios en contratos de varias constructoras para financiar al PT y a otros partidos y legisladores aliados.

En uno de los últimos giros de la campaña, la revista opositora Veja publicó el viernes el testimonio a la justicia de un acusado que aseguró que tanto Lula como Rousseff estaban al tanto de la corrupción en Petrobras, lo cual es negado tajantemente por ambos.

La presidenta ha asegurado que si es reelecta investigará "piedra por piedra" el escándalo en Petrobras, y anunció que demandará a Veja por "terrorismo electoral".

"La cuestión de Petrobras seguirá después de la elección. La sociedad termina esta elección con una división inédita en Brasil, y la corrupción alimenta ese sentimiento. Una victoria de Dilma Rousseff significa que la oposición intentará ahondar en esas denuncias", dijo a la agencia de noticias AFP el analista político independiente André César.

La popularidad de Rousseff -y de todos los políticos- cayó entonces a sus peores niveles, pero en poco más de un año la mandataria consiguió recuperarse, organizar en 2014 un Mundial de fútbol exitoso (aunque a un costo público muy elevado) y convencer a los brasileños de que le den cuatro años más en el Palacio de Planalto.

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Cuarta derrota para el PSDB


Neves, nieto de un gran personaje de la transición democrática, Tancredo Neves, designado presidente en 1985 pero que falleció antes de asumir, acarició el sueño de concluir el camino de su abuelo, y por eso la derrota es tanto más dolorosa.

Primero, porque es el cuarto fracaso consecutivo de su Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB, centro), que gobernó el país por última vez entre 1995 y 2002 con Fernando Henrique Cardoso (FHC). También, porque la campaña le ha traído más subidas y bajadas que una montaña rusa.

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Era hace tres meses el rival más fuerte de Rousseff, hasta que fue derribado a un tercer lugar por la ecologista Marina Silva, que buscaba ser la primera presidente "negra y pobre" de Brasil tras reemplazar en agosto al presidenciable socialista Eduardo Campos, fallecido en un accidente de avión.

Neves resurgió no obstante de las cenizas y superó a la ecologista para ingresar al balotaje con 33,55% (frente a 41,59% de Rousseff).

Después -gracias al apoyo de Silva, que obtuvo 21,32% en la primera vuelta- llegó incluso a superar a Rousseff en los sondeos de opinión, hasta que la mandataria lo dejó atrás con una sofisticada campaña, también plagada de ataques personales.



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