Decenas de miles de personas se manifestaron ayer en varias ciudades de Francia en la primera gran protesta contra la reforma laboral impulsada por el presidente Emmanuel Macron, en una jornada de movilizaciones que en París terminó con represión policial, heridos y detenidos.
Las 180 protestas celebradas en toda Francia contra la flexibilización laboral que implicaría la reforma, que Macron quiere aprobar por decreto, encuentran al mandatario liberal, que asumió en mayo pasado, en plena caída de su popularidad. La reforma, que según el gobierno busca crear empleo y atraer inversiones, fija topes en las indemnizaciones por despido y da prioridad a los acuerdos dentro de cada empresa por sobre el convenio colectivo de cada actividad, entre otros puntos que rechazan los gremios.
El sindicato CGT dijo que movilizó a 400.000 personas en todo el país, una cifra ligeramente inferior a las que reunió el año pasado contra una reforma más tibia que finalmente sacó adelante el presidente socialista Francois Hollande.
La huelga se tradujo en la cancelación de vuelos y en el retrasos en los trenes, pero no creó la sensación de parálisis que se temía, informó la agencia de noticias EFE. La amplia victoria de Macron en las presidenciales -refrendada en junio en comicios legislativas- con un programa en el que la reforma laboral figuraba entre uno de los puntos destacados, parece haber anestesiado en parte la contestación de la calle.
El presidente logró, además, romper el frente unido de los sindicatos con concesiones a algunos de ellos, lo que ha provocado que solo la CGT, segundo sindicato del país, convocara la huelga general de ayer.
Ni la CFDT, primera central obrera y de talante reformista, ni FO, muy potente en la función pública, se sumaron a este llamado, aunque muchos militantes de ambos sindicatos y algunas federaciones acudieron a las manifestaciones.
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