En un extenso mensaje el presidente de Francia, Emmanuel Macron, se refirió a las proezas del astro pero criticó sus vínculos con Fidel Castro y Hugo Chávez.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, se sumó a la masiva despedida a Diego Maradona a través de un extenso y desestructurado mensaje en el que recordó cómo vivió el Mundial de 1986. Pese al tono emotivo de su mensaje, un cuestionamiento a la relación del Diez con Fidel Castro y Hugo Chávez desató el enojo de Nicolás Maduro, presidente de Venezuela.

“Cuando levantó el trofeo, nació una leyenda: el niño prodigio se convirtió en el mejor jugador del mundo. Y la copa del mundo vuelve a Argentina: esta vez es la del pueblo, no la de los militares”, describió el presidente de Francia.

En otro pasaje de su texto, el mandatario se dirigió a quienes también atraviesan un fuerte dolor por la muerte del astro. “A todos los que ahorraron su mensualidad para completar el álbum Panini de México 86 con su figurita, a todos los que tuvieron que negociar con su mujer para bautizar Diego a sus hijos, a sus compatriotas argentinos, a los napolitanos que dibujaron frescos dignos de Diego Rivera en su honor, a todos los amantes del fútbol, el Presidente envía su más sentido pésame. Diego se queda”, afirmó.

Aunque la carta evitó entrar en cuestiones delicadas y se centró en aspectos futbolísticos, una frase en particular generó una fuerte polémica: “Sus visitas a Fidel Castro y Hugo Chávez tendrán el sabor amargo de la derrota; es en la cancha donde Maradona hizo la revolución”.

Inmediatamente, haciéndose eco de este cuestionamiento a la Revolución Bolivariana, Nicolás Maduro, actual presidente de Venezuela, publicó un descargo

“El señor Emmanuel Macron y sus asesores quisieron desplegar prosa poética para despedir al gran Diego. Sin embargo, deshonran sus ideales y sus luchas. La única derrota es la de una clase política que tiembla ante el uniforme amarillo de los trabajadores”, escribió el Ministro del Poder Popular para las Relaciones Exteriores, Jorge Arreaza, en representación del mandatario.

La carta completa de Macron:

“La mano de Dios había depositado a un genio del fútbol en la tierra. Nos lo acaba de quitar, con una gambeta imprevista que engañó a todas nuestras defensas. ¿Acaso, quería con ese gesto zanjar el debate del siglo: si Diego Maradona es el mayor jugador de fútbol de todos los tiempos? Las lágrimas de millones de huérfanos le responden hoy con una evidencia dolorosa.

Nacido en un barrio carenciado de Buenos Aires, Diego Armando Maradona hizo soñar a su familia y a sus vecinos con sus “bicicletas”, que han dejado crucificados a los mejores defensores europeos. Boca Juniors y su mística hinchada lo hicieron conocido en el mundo. Barcelona consiguió una joya, creyendo que por fin había encontrado al sucesor de Johan Cruyff para dominar nuevamente el fútbol europeo.

Pero fue en Nápoles donde Diego se convirtió en Maradona. En el sur italiano, el pibe de oro reencontró la pasión de los estadios sudamericanos, el fervor irracional de los fanáticos, y llevó al Nápoles al camino del Scudetto, a las cumbres de Europa.

Jugador suntuoso e impredecible, el fútbol de Maradona no se había visto antes. Con una inspiración siempre renovada, constantemente inventaba gestos y golpes nuevos. Un bailarín en botines, no era un atleta sino un artista, encarnaba la magia del juego.

Pero aún le faltaba escribir la historia de un país marcado por la dictadura y la derrota militar. Esta resurrección sucedió en 1986, en el partido más geopolítico de la historia del fútbol, los cuartos de final de la Copa del Mundo contra la Inglaterra de Margaret Thatcher. El 22 de junio de 1986, en la Ciudad de México, marcó su primer gol con Dios como compañero. Quisieron impugnar el milagro, pero el árbitro no había visto nada: la actitud agrandada de Maradona le hizo ganar ese punto. Luego siguió “el gol del siglo”, que reunió a los más grandes gambeteadores del fútbol: Garrincha, Kopa y Pelé, juntos en una sola acción. En solo 50 metros, con una carrera alucinante, pasó a la mitad de la selección de Inglaterra y gambeteó al portero Shilton antes de enviar el balón a la red y a la albiceleste a los cuartos de final del Mundial. En el mismo partido, dios y diablo, marcó los dos goles más famosos de la historia del fútbol. Había un rey Pelé, ahora hay un Dios Diego.

Con esa misma gracia, la misma insolencia hermosa, se acercó sigilosamente a la final que dejó marcada con el gesto más bonito del fútbol: el pase decisivo, el gol del número 10. Cuando levantó el trofeo, nació una leyenda: el niño prodigio se convirtió en el mejor jugador del mundo. Y la copa del mundo vuelve a Argentina: esta vez es la del pueblo, no la de los militares.

Diego Maradona también vivirá esta alegría popular en otros terrenos. Pero sus visitas a Fidel Castro y Hugo Chávez tendrán el sabor amargo de la derrota; es en la cancha donde Maradona hizo la revolución.

El Presidente de la República saluda al dueño indiscutido de la pelota, tan amado por los franceses. A todos los que ahorraron su mesada para completar el álbum Panini de México 86 con su figurita, a todos los que tuvieron que negociar con su mujer para bautizar Diego a sus hijos, a sus compatriotas argentinos, a los napolitanos que dibujaron frescos dignos de Diego Rivera en su honor, a todos los amantes del fútbol, el Presidente envía su más sentido pésame. Diego se queda”.

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