Los griegos votaron contra esas propuestas, pero ahora estarán horrorizados al ver que enfrentarán medidas todavía más duras. La Plataforma de Izquierda, un grupo dentro del partido de izquierda Syriza al que pertenece Tsipras, rápidamente manifestó que el acuerdo "es el peor posible... que mantiene el estatus de la nación: una colonia endeudada bajo una Unión Europea gobernada por Alemania".
Ambos lados reconocen la dificultad de las negociaciones.
La canciller alemana Angela Merkel dijo que además de cerrar el acuerdo "debe reconstruirse la confianza". Agregó que "Grecia tiene una oportunidad de volver a la senda del crecimiento, aunque será un largo camino".
Para conseguir los recursos, el gobierno griego deberá aprobar una serie de reformas de austeridad para el miércoles.
Las medidas incluyen subir los impuestos a las ventas y reformas al sistema de pensiones. Semanas después, Grecia tendrá que abrir a la competencia las industrias que durante tanto tiempo protegió, como el sector energético; y se flexibilizarán las leyes laborales.
Si cumple con esos requisitos, el país accederá a un programa de rescate de tres años y un compromiso para reestructurar su deuda, que ronda los
320.000 millones de euros, es decir un 180% de su Producto Interno Bruto anual, algo insostenible.
"Logramos evadir las medidas más extremas", dijo Tsipras.
"Grecia peleará para volver al crecimiento y reclamar su soberanía perdida".
Ambas partes reconocieron las agrias negociaciones que mantuvieron enfrentados a los jefes de gobierno durante meses, y siguieron negociando hasta pasadas nueve horas del plazo límite de la medianoche del domingo.
Sin embargo, los expertos creen que los problemas de Grecia no han terminado.
"Este acuerdo evita que Grecia caiga en el caos económico, pero no asegura la viabilidad económica en el largo plazo dentro de la
eurozona", opinó Eswar Prasad, profesor de política comercial en la Universidad Cornell".
"Grecia enfrentará muchos retos para sacar las reformas que ha prometido... la economía griega enfrenta un difícil periodo por delante mientras lidia con la inestabilidad económica, social y política resultante de las estrictas reformas fiscales y por una red social aniquilada".
Por su parte, el presidente francés François Hollande dijo que es un camino que merece la pena emprender y expresó su alegría por la permanencia de Grecia en el euro. Permitir que Grecia saliera de la eurozona hubiera supuesto perder un país que está en el "corazón de nuestra civilización", afirmó Hollande.
Las conversaciones avanzaron en una reunión entre Tsipras, Merkel, Hollande y Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo. La amenaza de expulsión de la zona euro puso una enorme presión sobre Tsipras para que aceptara impopulares medidas de austeridad, porque la gran mayoría de su población quiere permanecer en la eurozona, el grupo de 19 naciones que usa el euro.
"Asumimos la responsabilidad de la decisión para evitar la aplicación de los objetivos más extremos", dijo Tsipras. "Logramos evitar la exigencia de transferir activos griegos al extranjero, evitar el colapso del sistema financiero".
"Los griegos tienen que demostrar que son creíbles, demostrar que van en serio", dijo Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo, crítico desde hace tiempo con el gobierno de Tsipras.
Grecia había solicitado un paquete a tres años de 53.500 millones de euros (59.500 millones de dólares) en ayuda financiera, pero ese número creció conforme se alargaban las negociaciones y los delegados calculaban cuánto necesitaría el país para seguir siendo solvente. Se trata del tercer rescate de Grecia en cinco años. En los dos préstamos anteriores recibió un total de 240.000 millones de euros (268.000 millones de dólares).
Fuente: AP
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