Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, obtuvo el 17,18% de los votos y enfrentará en segunda vuelta al izquierdista Roberto Sánchez, que alcanzó el 12,03%.
Perú confirmó oficialmente el escenario político que desde hace semanas parecía inevitable: la conservadora Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez disputarán la presidencia en una segunda vuelta electoral prevista para el próximo 7 de junio, en una elección atravesada por la polarización, el desgaste institucional y la demanda social de mayor seguridad.
El resultado quedó sellado luego de que la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) publicara el conteo del 100% de las actas correspondientes a los comicios celebrados el 12 de abril. Fujimori, líder de Fuerza Popular e hija del fallecido expresidente Alberto Fujimori, encabezó la votación con el 17,18% de los sufragios, mientras que Sánchez, representante de Juntos por el Perú, obtuvo el 12,03%.
Pese al cierre del escrutinio, el Jurado Nacional de Elecciones anunció que recién el domingo proclamará oficialmente a los dos postulantes que competirán por la presidencia para el período 2026-2031.
La definición vuelve a colocar a Keiko Fujimori ante una oportunidad histórica y, al mismo tiempo, frente a una pesada mochila política. A sus 50 años, la dirigente fujimorista accedió por cuarta vez a un balotaje presidencial, luego de haber perdido las elecciones decisivas de 2011, 2016 y 2021. En esta ocasión intenta reposicionarse como la candidata del orden y la estabilidad en medio de un país golpeado por el aumento de la delincuencia, la crisis económica y el descrédito de las instituciones.
Durante la campaña, Fujimori reivindicó el legado del gobierno de su padre, recordando que durante la década de 1990 se derrotó al grupo terrorista Sendero Luminoso y se controló la hiperinflación que afectaba a Perú. Bajo esa narrativa, prometió enfrentar con dureza la inseguridad y garantizar que los ciudadanos puedan “vivir tranquilos”.
Enfrente tendrá a Roberto Sánchez, exministro de Comercio Exterior durante el gobierno del destituido expresidente Pedro Castillo, quien logró consolidarse como el principal referente del voto rural y andino. }Su campaña se apoyó especialmente en las regiones del interior, donde cosechó respaldo con propuestas orientadas a renegociar contratos de explotación de recursos naturales, aumentar los salarios docentes y fortalecer la presencia estatal en las zonas históricamente relegadas.
Sánchez también apeló a símbolos vinculados al castillismo. Durante gran parte de la campaña utilizó el tradicional sombrero de paja de ala ancha que le prestó Castillo durante una visita a la cárcel donde el exmandatario cumple una condena de 11 años por conspiración para la rebelión.
El mapa electoral reflejó una profunda fragmentación territorial y política. Fujimori se impuso en diez regiones, principalmente en la costa del Pacífico y sectores de la Amazonía, mientras que Sánchez ganó en once regiones, sobre todo en la sierra y las áreas rurales. Ninguno logró triunfar en Lima, la capital donde vive aproximadamente un tercio de la población peruana y que volvió a mostrarse dividida.
Además, el dato más preocupante para ambos espacios es que más del 70% de los votantes eligió otras opciones en la primera vuelta, lo que obliga tanto a Fujimori como a Sánchez a salir rápidamente en busca de alianzas políticas y acuerdos con fuerzas menores si quieren ampliar su base electoral.
En ese contexto, ambos candidatos comenzaron incluso antes de la proclamación oficial una intensa disputa por los debates presidenciales previos al balotaje. Fujimori propuso realizar tres encuentros: uno entre los candidatos presidenciales, otro entre los aspirantes a la vicepresidencia y un tercero entre equipos técnicos.
Sánchez aceptó el desafío, aunque planteó una condición simbólica: que el primer debate se realice en Chota, provincia andina de Cajamarca de donde es oriundo Pedro Castillo. La propuesta busca reeditar el recordado debate de 2021 entre Castillo y Fujimori en esa localidad, considerado uno de los momentos decisivos de aquella campaña.
La candidata fujimorista rechazó esa posibilidad y respondió que el encuentro debería desarrollarse en Huaral, lugar de origen de Sánchez, o en el distrito limeño de San Borja, donde actualmente residen ambos postulantes. Fujimori acusó a su rival de intentar “copiar el libreto de 2021” y buscar un escenario favorable.
Lejos de bajar el tono, Sánchez redobló la apuesta y sostuvo que debatir en Chota sería una forma de reivindicar al “voto rural discriminado”. Incluso ironizó sobre la ascendencia japonesa de Fujimori al afirmar que él podría entonces pedir debatir “en Japón”.
La campaña hacia el 7 de junio promete profundizar la polarización entre dos proyectos políticos opuestos y reabrir viejas heridas en un país que atraviesa una larga crisis institucional. En menos de diez años, Perú tuvo ocho presidentes y sufrió fuertes enfrentamientos entre el Congreso y el Poder Ejecutivo, además de protestas sociales que entre 2022 y 2023 dejaron medio centenar de muertos.
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