Leopoldo López y Henrique Capriles se han convertido en las caras más conocidas fuera del territorio de la República Bolivariana, pero no son los únicos. Henri Ramos Allup y María Corina Machado, con gran ascendencia en un sector de la población, también se perfilan como "presidenciables". Desde la CIA hasta intentos de golpes de Estado, los integrantes del cuarteto de resistencia al PSUV tienen sus antecedentes

Si “la grieta” fue la figura utilizada para describir dos referencias políticas enfrentadas que polarizaron las elecciones de los últimos años en la Argentina, en Venezuela ya podríamos hablar de un abismo. Pero, más allá de que el presidente de la República Bolivariana, Nicolás Maduro, suele ocupar a menudo las tapas y los titulares, ya sea favor o en contra, del otro lado se encuentra un variopinto de personajes que pocas veces son presentados.

Detrás del bloque opositor que hizo con la Asamblea Nacional conocido como Mesa de Unidad Democrática (MUD) hay un puñado de nombres que son la razón de las victorias electorales de medio término y la explicación de los fracasos en las presidenciales.

Los tiempos institucionales en Venezuela se alejan mucho de lo que habitualmente conocemos en Argentina. Las fechas para los actos electorales se fijan con laxitud, muchas veces sobre el plazo que establecen las leyes para que se determinen. Así, los próximos sufragios regionales que se llevarán a cabo a fines de este año -el día se estipulará al finalizar el primer semestre- serán un nuevo motivo de disputa, sospechas, denuncias y actos multitudinarios entre un chavismo cada vez más cerrado y una oposición muy fragmentada.

La MUD tiene dos referentes ineludibles: Henrique Capriles y Leopoldo López. Pero detrás de ellos hay otros nombres que podrían sumar protagonismo.

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López se encuentra encarcelado y, en muchos aspectos, ese es su gran capital político. Según él, fue “víctima de una conspiración” del gobierno y se considera a sí mismo como un preso político. Fue acusado por los delitos de “incendio de edificio público, daños a la propiedad pública, instigación a delinquir y delito de asociación para la delincuencia organizada” y sentenciado a 14 años de prisión luego de comprobarse su vinculación con el intento insurreccional contra el gobierno de Maduro conocido como “La Salida”.

Y tras las rejas y todo, el máximo referente de Voluntad Popular (VP) encabezó las dos últimas encuestas para elecciones presidenciales. Los venezolanos anti-chavistas le valoran su firmeza en la lucha contra “la dictadura de Maduro” y, paradójicamente, resaltan lo mismo que lo llevó a la cárcel: la búsqueda por todos los medios de que Maduro no finalice su mandato.

Del otro lado de la grieta de la MUD está Capriles. El gobernador del estado de Miranda es uno de los más antiguos opositores del chavismo. Tal es así que el mismísimo líder del partido Primero Justicia (PJ) fue uno de los instigadores del golpe que derrocó a Hugo Chávez en 2002 y que colocó al frente del Palacio de Miraflores por 48 horas a Pedro Carmona.

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El fundador del PJ es uno de los favoritos de los exiliados del chavismo. Fue quien más veces lo enfrentó en las urnas y es el único que tiene un cargo ejecutivo. Para los miles de enemigos de Maduro en el mundo, el gobernador debe ser el sucesor para la “reconstrucción democrática”.

No sólo es uno de los más recibidos en España por el presidente Mariano Rajoy, sino que cuenta con estrechas vinculaciones con la National Endowment for Democracy, una agencia a la que el New York Times consignaba ya en 1985 como “una base cuasi-gubernamental creada por la administración Reagan en 1983 para canalizar millones de dólares de la Reserva Federal para la 'diplomacia privada' anticomunista”.

Sin embargo, Capriles ya no se muestra como “el líder del ala dura” de la MUD, lugar que quedó para López, sino que busca “una salida democrática” para el gobierno de Maduro.

Perdió gran parte del apoyo que ostentaba luego de caer en las elecciones presidenciales de 2013 ante el actual presidente venezolano, lo que motivó la fractura de su partido y el surgimiento del de López. Parte del arco opositor le exigía que no reconozca la derrota y que acuda a los organismos internacionales para denunciar un supuesto fraude. Sin embargo, aconsejado por La Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), un think tank del Partido Popular español que lo asistió a lo largo de la campaña, Capriles reconoció la victoria del candidato del PSUV.

Es por eso que muchos de los opositores al actual gobierno decidieron tildarlo de “tibio” y vieron en López al mejor exponente de sus deseos políticos.

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Pero, más allá del binomio Capriles-López, hay otras figuras de la Mesa de Unidad Democrática que pueden ungir candidatos para aumentar su caudal de votos. Uno de ellos es el actual presidente de la Asamblea Nacional, Henri Ramos Allup. El líder de Acción Democrática cobró aún más protagonismo luego de que el Tribunal Supremo de Justicia declarara “en desacato” al órgano legislativo. Luego del dictamen, volvió a la arena política denunciando la anulación de uno de los poderes, rompiendo la Mesa de Diálogo y manifestándose como vocero de la AN, la que preside luego de una confusa elección a la madrugada donde se impuso ante Julio Borges, el que era el candidato del consenso de todas las fuerzas de la MUD.

Entre las muchas acusaciones que recibe por parte del chavismo, comparte con Capriles la de ser “agente de la CIA”. A pesar de que gran parte del oficialismo suele implementar esa frase como epíteto para todo opositor que se cruce por Venezuela, la filtración de cables diplomáticos conocida como “Wikileaks” reveló que el presidente de la AN había recurrido en reiteradas oportunidades a la embajada de EEUU para solicitar financiamiento para su partido.

Una de las figuras emergentes del antichavismo es María Corina Machado. La fundadora de Vente Venezuela (VV) es una de las activistas que más manifestantes congrega cuando se trata de marchas opositoras. Acusada de planear “La Salida” junto a López y Antonio Ledesma, fue diputada hasta 2014, cuando aceptó participar de la Cumbre de la Organización de Estados Americanos como agregada de Panamá y fue destituida del cargo por el TSJ –maniobra en la que el arco opositor casi no se movió en señal de apoyo-.

Machado capitalizó su figura de “madre venezolana” y cautivó gran parte del voto conservador femenino. Suele apoyarse en las cuestiones de la complicada economía doméstica de las venezolanas y promueve marchas pacíficas. A diferencia de sus compañeros en la MUD, no suele ser acusada de liderar y coordinar las guarimbas, jornadas de violencia y saqueos que suelen darse en los distritos más poblados y en las que los “maduristas” apuntan a la oposición y los opositores tildar de “autogolpe” y “montaje”.

Con este panorama, sumado a un puñado más de partidos que confluyen en la Mesa de Unidad Democrática y que poseen la mayoría en la Asamblea Nacional, al antichavismo le alcanza para quedarse con las elecciones regionales y de medio término, pero no para imponerse en las presidenciales. Es que “la mitad de Venezuela” que no quiere a Maduro en el poder se encuentra fragmentada en estas representaciones y las tensiones internas imposibilitan que un candidato se alce con los votos de todo el antichavismo.

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