Un equipo compuesto por antropólogos, genealogistas, historiadores y médicos forenses logró descifrar el misterio de la identidad del cuerpo de una niña enterrado hace 140 años y descubierto en un pequeño ataúd hermético debajo de una casa en San Francisco.
Tras una ardua investigación, y que tuvo su punto de partida en una muestra de ADN obtenida del cuerpo de la pequeña, los especialistas descubrieron que su verdadero nombre era Edith Howard Cook, tenía 2 años, 10 meses de edad y 15 días de nacida cuando el 13 de octubre de 1876 murió por el extremado enflaquecimiento que padecía.
La niña fue enterrada en un ataúd con dos cristales y llevaba una flor en la mano. Además, los zapatos que llevaba le cubrían el tobillo y eran de suela de cuero, similares a los mocasines. Con el correr de los años, los familiares vendieron la vivienda y el cajón quedó allí, olvidado.
El féretro fue descubierto por trabajadores de la construcción que remodelaban una casa del vecindario Lone Mountain, California.
Luego de la exhumación del cuerpo, una organización se hizo cargo de sus restos y decidieron llamarla 'Miranda Eve' a solicitud de la familia Karner –dueña de la propiedad donde se encontró- y de la Oficina de Administración Pública de San Francisco que facilitó la entrega del cuerpo y la investigación.
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