Reclusos del penal uruguayo de Cerro Largo tiraron la pelota adrede fuera de la prisión y la que reingresaron tenía en su interior marihuana y dos teléfonos.

Muchas veces la realidad supera a la ficción, mucho más cuando el ingenio del ser humano se agudiza, aunque con fines non sanctos. Es el caso de lo que ocurrió este jueves en la Cárcel de Conventos en Melo, en el departamento de Cerro Largo, Uruguay donde un grupo de reclusos intentó vulnerar la seguridad apelando a un recurso más que original.

Mientras jugaban al fútbol en una cancha para tal fin, uno de ellos pateó la pelota de tal manera que se fue de los límites y cayó fuera de un alambrado perimetral, por lo que solicitaron ir a recuperarla.

Según fuentes policiales, los guardiacárceles autorizaron a uno de los detenidos, el cual se encuentra en régimen transitorio, para que fuera a buscarla y regresara.

Hasta ahí todo marchaba bien pero cuando quiso ingresar fue revisado y el plan fracasó: no se trataba del mismo balón sino de otro que pesaba alrededor de tres kilos, por lo cual se lo secuestraron; al notar que no estaba inflado sino que tenía algo en su interior, decidieron abrirlo y la sorpresa fue mayúscula.

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Efectivamente se trataba de otra pelota que contenía un envoltorio de 31 gramos de marihuana, otros dos con 22 gramos de cocaína en total, otro envoltorio con 7 gramos de cogollo, 2.510 gramos de marihuana suelta, y un paquete con dos teléfonos celulares marca Samsung.

El procedimiento de la "apertura" del esférico quedó grabado y se escucha a uno de los guardias que dice "la pelota no se mancha", parafraseando a Diego Maradona en su partido de despedida.

El director de la Cárcel de Conventos, Sergio Fernández, confirmó que todo fue secuestrado y que el recluso que fue a buscar la pelota recibió una sanción, al igual que otro que se había quedado "cuidándola" cuando la dejaron debajo de una mesa de ping pong. Ambos presos están a disposición de la Fiscalía actuante junto con las drogas y celulares incautados, indicó el directivo.

Fernández aclaró que es algo habitual el procedimiento para ir a buscar las pelotas cuando se van del límite de la cancha, que está al lado del tejido perimetral de unos tres metros que da a dos caminos vecinales, y que se "se ha hecho toda la vida".

Quienes están privados de su libertad esperan con ansias la hora semanal que tienen para jugar al fútbol de manera recreativa. El resto de los días, con mucho tiempo ocioso, parece que lo dedican a planificar maneras de ingresar distintos elementos en la cárcel.

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