Al frente del merendero trabajan codo a codo, Sandra Bustos (53 años) y psicóloga social, y su marido, Rubén Dos Santos (53) ex trabajador de Obras Sanitarias, quienes tienen cuatro hijos, Cristian (26), Bárbara (22 y cerca de hacer abuelos a sus padres), Federico (19) y Matías (10).
Todo arrancó en 2009 con la pandemia de la Gripe A. Rubén, con 49 años, sufrió una neumonía bilateral (los dos pulmones tomados). Esto hizo que tuviera las defensas bajas y el virus lo atacó. Fue internado en una clínica de Villa Luzuriaga durante 13 días. "El panorama era malo, casi sin esperanzas. Los médicos decían que hacía falta un milagro", relata Sandra, mientras Rubén escucha con la mirada clavada en el recuerdo. "Era pedirle a Dios cada momento y le decía que a cambio me diera una señal. Y Rubén mejoró, los médicos estaban sorprendidos. Fue un renacer y dijimos que algo debíamos hacer en agradecimiento. Esperábamos una señal", enfatiza Sandra Bustos. Y esa señal, un día llegó. Es el turno de Rubén, mientras el merendero espera por sus locos bajitos para que lo inunden de risas y vida. "Llovía, hacía frío, tocaron el timbre. Atendimos y eran seis nenes del barrio San José a los que solíamos ayudar habitualmente. Estaban todos mojados y justo estábamos por hacer la merienda. Ahí nos miramos con Sandra y los hicimos pasar para que tomaran la leche". Y Sandra agrega: "Nos dimos cuenta de que era la señal que Dios nos mandaba". Y de ese modo, el 9 de julio de 2010 arrancó el merendero Las Manos Solidarias de La Matanza.